¿por qué el arte conmueve?

Es más o menos sabido el disgusto de algunos sectores de la escena cultural posmoderna con el ‘posmodernismo’; muchos de sus detractores lo consideran jerigonza y otros se limitan a decir que es burgués, pretensioso e incomprensible. Habitan el ciberespacio excelentes ejemplos de crítica posmoderna -en el peor sentido que podemos dar al término- a la posmodernidad, usualmente vienen de filósofos ocupados de problemas “realmente importantes”, como la demarcación entre las ciencias y las pseudo-ciencias.

Como sea, les dejo un par de ideas de Anne Sauvagnargues a propósito de territorialidad y arte.

Dice Sauvagnargues que “el arte no es un rasgo antropomórfico, no es lo propio del hombre, sino que debe ser comprendido conforme la lección de Nietzsche, es decir, como fenómeno vital. Allí donde Nietzsche funda la creación en la potencia de la voluntad, Deleuze, lo mismo que Uexküll, Ruyer y Leroi-Gourhan, piensa el arte como agenciamiento territorial, algo que es propio, no de la vida, sino del animal que posee un territorio y una casa, es decir, que agencia materias expresivas en una operación vital tributaria de la territorialización.

El arte, así pensado, corresponde más a una afectología, ya que el afecto implica una signaléctica y una capacidad expresiva que modulan materiales y cualidades y los transforman de lo funcional a lo expresivo. Por eso, continúa Sauvagnargues siguiendo a Deleuze, el arte no es la expresión de lo vital, sino de la territorialización.

El territorio no es un espacio ya dado, un lugar, sino un acto de relación , la de una “distancia crítica entre dos seres de la misma especie” que sirve para “marcar sus distancias”. Así, el territorio no es un lugar, sino un acto que arranca del caos del mundo a fuerzas que él condensa y hace visibles. El medio no territorializado, señala Sauvagnargues, carece de existencia para cualquier viviente.

Aquí sigo yo: sin umbral, pues, no hay nada y el arte es intento de captura de las fuerzas que producen al umbral. Tal vez por esto es que el arte conmueve, porque nos relaciona con las fuerzas que hacen algo de la nada.

A partir de aquí, tal vez resulta más fácil entender a qué se refiere Meltzer con el lenguaje de los sueños. Él señala que este utiliza tanto una forma lingüística simbólica (lenguaje interno) como una forma plástica simbólica (imagen). El lenguaje interno consiste principalmente en gestos y sonidos (canto y danza), de manera parecida al primer lenguaje instintivo infantil que precede el desarrollo verbal del lenguaje para la comunicación con el mundo exterior. Es un lenguaje que frecuentemente expresa experiencias preverbales, las mismas evocadas por el arte, que el lenguaje verbal no es siempre capaz de expresar.