Acerca del papel del yo

Hoy nos metemos en un tema un poquito teórico (eso no es sinónimo de aburrido ¿eh?). La idea es explorar el papel que Klein le dió al yo para enfrentar la angustia.

Rachel Blass (2015) en “El yo según Klein: más allá del regreso a Freud”, subraya, acerca de la relación entre mundo pulsional, fantasías y yo, algo importante.

Blass, considerando que el concepto de yo en Klein se relaciona con una amplia gama de temas analíticos (narcisismo, identidad, consciencia, pensamiento y realidad, desarrollo y cura), se pregunta acerca de lo esencial en la concepción kleiniana del yo e identifica dos de los elementos claves para entenderla: (1) la relación entre el modelo pulsional y estructural freudiano (Blass sostiene que en el pensamiento kleiniano se puede identificar una lectura profunda y detallada de los textos freudianos) y (2) la relación entre las fantasías y la calidad del yo.

Primeramente, en el artículo “Sobre el desarrollo del funcionamiento mental” (Klein, 1958), Klein deja claro que:

El trabajo que presentaré es una contribución a la metapsicología en un intento de llevar más allá teorías fundamentales de Freud acerca del tema, sobre la base de conclusiones derivadas del progreso en la práctica psicoanalítica.

La formulación de Freud sobre la estructura mental en términos del ello, yo y superyó, se ha convertido en la base del pensamiento psicoanalítico. Freud aclaró que estas partes no se hallan estrictamente separadas unas de otras y que el ello es la base de toda función mental; agregando que el yo se desarrolla a partir del ello, pero sin dar una indicación consistente acerca del período en que esto ocurre. En el curso de la vida, el yo se extiende profundamente en el ello y por lo tanto se halla bajo la influencia constante de los procesos inconscientes.

Como se ve, continua Blass, Klein se basa en el marco de referencia fundamental de Freud mientras que lo lee de un modo que de espacio a sus propios desarrollos y acepta el modelo estructural como la base del pensamiento analítico, haciendo énfasis en el lugar que Freud da al ello en todo el funcionamiento mental, tomando nota del espacio que Freud deja para pensar el proceso de desarrollo que da como resultado al yo.

Klein, en el artículo referido, enfatiza la importancia del modelo pulsional freudiano y la necesidad de integrarlo con el modelo estructural, que ella pudo apreciar a lo largo de su trabajo con niños, y concluye que:

Yo diría que en la medida en que Freud considera la fusión y separación de las dos pulsiones como subyacentes al conflicto psicológico entre pulsiones agresivas y libidinales, es entonces el yo y no el organismo quien desvía la pulsión de muerte.

Para Klein -señala Blass-  el yo responde a la ansiedad realizando las funciones de proyección e introyección de modo tal que: “El proceso primario es la introyección, también extensamente al servicio de la pulsión de vida; combate a la pulsión de muerte porque conduce a que el yo reciba algo que da vida (los alimentos en especial), atando[1] de este modo a la pulsión de muerte“, mientras que, al proyectar, el yo desvía la pulsión de muerte fuera del cuerpo.

Según Blass, Klein propone que la agresión es una respuesta defensiva al objeto persecutorio creado a partir de la proyección de la pulsión de muerte. En esta lectura la agresión parece tanto constitutiva como una respuesta paranoica al ambiente (similar, creo, a la propuesta de Lacan).

Una consecuencia de la integración del modelo pulsional con el modelo estructural es que la fortaleza yoica resulta de la fusión entre las pulsiones y el grado de esta fusión es constitucional (Klein, 1952): si la pulsión de vida -la capacidad de amor- predomina, el yo y su función primordial de integración serán fuertes, si predomina la pulsión de muerte, la función yoica de integración -sacudida por las oleadas proyectivas- será débil.

Finalmente, Blass recuerda que Freud (1923) pensó al yo en términos de relaciones objetales internalizadas: “el yo es un precipitado de catexias objetales abandonadas… contiene la historia de esas elecciones objetales”  y subraya que Klein elabora con más detalle el tipo de relaciones tempranas en una visión según la cual el yo, desde el principio, está compuesto por objetos parciales buenos y malos internalizados y fundado sobre nuestras fantasías acerca de estos objetos.

Sobre el papel privilegiado que Klein asigna al pecho y a la fantasía primitiva en la conceptualización del yo, Blass recupera -como lo han hecho antes Green y otros- lo siguiente:

Desde el comienzo de la vida las dos pulsiones se adhieren a los objetos, ante todo al pecho materno. Creo, por lo tanto, que mi hipótesis que basa todos los procesos de internalización en la introyección del pecho nutricio materno; clarifica las nociones sobre el desarrollo del yo en conexión con el funcionamiento de las dos pulsiones. Según predominen pulsiones destructivas o sentimientos de amor, el pecho (que puede ser simbólicamente representado por la mamadera) es sentido a veces como bueno, otras como malo. La catexia libidinal del pecho junto con las experiencias gratificantes, estructuran el objeto bueno primario en la mente del bebé; la proyección de impulsos destructivos en el pecho forma al objeto malo primario. Ambos aspectos son introyectados, y así las pulsiones de vida y muerte, que habían sido proyectadas, operan otra vez dentro del yo. La necesidad de dominar la ansiedad persecutoria da ímpetu a la disociación, externa e interna, de pecho y madre, en un objeto que ayuda y es amado, y otro es terrorífico y odiado. Estos son los prototipos de todos los objetos internalizados siguientes.

Así, Klein elabora el papel relacional que Freud asignó al yo y, a partir de aquí, puede concluir:

El objeto internalizado bueno forma el núcleo del yo, alrededor del cual éste se expande y desarrolla. Cuando el yo es asistido por el objeto bueno internalizado, se encuentra más capacitado para dominar la ansiedad y preservar la vida, atando con libido algunas partes de la pulsión de muerte que opera dentro de sí.

[1] En este caso, preferimos la traducción de bind por atar que por ligar, para reforzar el sentido que, pensamos, Klein le da al papel de la introyección del objeto bueno para oponerse a la pulsión de muerte.