Pues que tú, reina del cielo

Es diciembre y, a propósito de las fechas, les comparto del “Cancionero” de Juan de Encina (1496) el hermoso villancico “Pues que tú, reina del cielo”.

Para su información: (1) transcribí el digital de la biblioteca Miguel de Cervantes (folio LXXXVIII r.) con los mínimos retoques para un mejor disfrute, (2) Álvaro Bustos Táuler, en su excelente estudio del cancionero, presenta (pp. 330-332) un buen análisis del villancico, (3) señalemos que Encina, a modo de introducción, nos ofrece una pequeña canción que reconoce los méritos de María y, de ahí, continua con el villancico.

Canción a nuestra señora

Pues que tú, Virgen, que pariste

el consuelo divinal,

consuela mi vida triste,

tú, Señora, que naciste

para matar nuestro mal.

Mereciste tanta gloria

viviendo en aqueste suelo,

que en señal de la vitoria

siempre vive tú memoria

por Madre del Rey del cielo:

Pues corona recibiste

de aquel reino celestial,

consuela mi vida triste,

tú, Señora, que naciste

para matar nuestro mal.

Villancico

Pues que tú, reina del cielo

tanto vales

da remedio a nuestros males.

 

Tú, que reinas con el rey

de aquel reino celestial

tú, lumbre de nuestra ley

luz de linaje humanal:

pues para quitar el mal

tanto vales

da remedio a nuestros males.

 

Tú, virgen que mereciste

ser madre de tal señor

tú, que cuando le pariste

le pariste sin dolor:

pues con nuestro salvador

tanto vales

da remedio a nuestros males.

 

Tú, que del parto quedaste

tan virgen como primero

tú, virgen que te empeñaste

siendo virgen por entero:

pues con Dios verdadero

tanto vales

da remedio a nuestros males.

 

Tú, que lo que perdió Eva

cobraste por quien tú eres

tú, que nos diste la nueva

de perdurables placeres:

tú, bendita en las mujeres

si nos vales

darás fin a nuestros males.

 

Tú, que te dicen bendita

todas las generaciones

tú, que citas por tal escrita

entre todas las naciones:

tanto vales

da remedio a nuestros males.

 

Tú, que tienes por oficio

consolar desconsolados

tú, que gastas tú ejercicio

en librarnos de pecados:

tú, que guías los errados

y los vales

da remedio a nuestros males.

 

Tú, que tenemos por fe

ser de tanta perfección

que nunca será ni fue

otra de tu condición:

pues para la salvación

tanto vales

da remedio a nuestros males.

 

Quien podrá tanto alabarte

según es tu merecer

quien sabrá tan bien loarte

que no le falte saber:

pues que para nos valer

tanto vales

da remedio a nuestros males.

 

O, madre de Dios y hombre

o concierto de concordia

tú. que tienes por renombre

madre de misericordia:

pues para quitar discordia

tanto vales

da remedio a nuestros males.

 

Tú, que por gran humildad

fuente tan alto ensalzada

que a par de la trinidad

tú, sola estás asentada:

y pues tú, reina sagrada

tanto vales

da remedio a nuestros males.

 

Tú, que estabas ya criada

cuando el mundo te crio

tú, que estabas muy guardada

para quien de ti nació:

pues por ti nos conoció

si nos vales

fenecerán nuestros males.