Paisajes y “puntos interesantes”

Este era … su punto de partida: que en cualquier región -con sólo que tuviera tiempó de unirse a ella-, en un momento u otro se le abrían a la conciencia espacios peculiares, y sobre todo que estos espacios no estaban formados por los primeros elementos que saltan a la vista -los que dominan el paisaje- sino por aquellos que pasan desapercibidos (unos elementos de los que sólo se podía tener noticia estando día a día con ellos, un tiempo de vida que transcurría en lo que cabría llamar una Naturaleza habitada por el hombre.) … ¿Cuáles de estas insignificantes formas del paisaje podrían entonces convertirse en estos ámbitos autónomos (“campos”, “llanos”), experimentables tanto en la cotidianidad de un pueblo como en la de una gran ciudad? … : dibujar planos de puntos completamente distintos de los demás, “puntos interesantes”; levantar secciones transversales y longitudinales de todos los campos que habían sido para él un signo …

 

Peter Handke, Slow homecoming

Ortega, “Olmedo” y la inteligencia

Del favorito Ortega y Gasset les comparto un fragmento que se encuentra en la colección “Estudios sobre el amor”, el texto NO trata (directamente) sobre el amor, sino sobre la inteligencia.

“Me he encontrado con Olmedo. ¿Que quién es Olmedo? Para mi gusto, un hombre admirable. Es inteligente y no es intelectual. Ignoro si los otros habrían tenido mayor ventura; pero lo que la vida ha puesto delante de mí me impone la enojosa convicción de que, al menos en nuestro tiempo, casi no hay más hombres inteligentes que los intelectuales. Y como la mayor parte de los intelectuales no son tampoco inteligentes, resulta que la inteligencia es un suceso sobremanera insólito en el planeta Tierra. Esta convicción, cuyo enunciado irritará tan justamente al lector, es también para el que la abriga sumamente penosa y azorante. Por muchas razones; pero, ante todo, porque partiendo de ella se hace enormemente probable que uno mismo no sea nada inteligente y, en consecuencia, que todas las ideas de uno sean falsas, incluso ésta que califica de hecho insólito a la inteligencia. Pero ello es irremediable. Nadie puede saltar fuera de su sombra ni tener otras convicciones que las que tiene. Sólo cabe solicitar que cada cual cante su canción con lealtad. Y la mía ahora podrá llevar el mismo título que el famoso sermón de Massillon Sur le petit nombre des élus. Nada ha sembrado en uno tanta melancolía como esta averiguación de que el número de los inteligentes es escasísimo.

Porque no se trata de exigir al prójimo genialidad. Por inteligencia entiendo tan sólo que la mente reaccione ante los hechos con alguna agudeza y precisión, que no se tome el rábano perpetuamente por las hojas, que no se confunda lo gris con lo pardo y, sobre todo, que se vea lo que se tiene delante con un poco de exactitud y de rigor, sin suplantar la visión con palabras mecánicamente repetidas. Mas, de ordinario, se tiene la impresión de vivir entre sonámbulos que avanzan por la vida sumergidos en un sueño hermético de que no es posible despertarlos para hacerles percatarse del contorno. Probablemente, la Humanidad ha vivido casi siempre en este estado sonambúlico en que las ideas no son reacción despierta y consciente ante las cosas, sino uso ciego, automático de un repertorio de fórmulas que el ambiente insufla en el individuo.

Es innegable que mucha parte de la ciencia y de la literatura se ha hecho también en trance sonambúlico; es decir, por criaturas nada inteligentes. Sobre todo, la ciencia de nuestros días, a la vez especializada y metodizada, permite el aprovechamiento del tonto, y así vemos a toda hora que hacen obra estimable personas que no podemos estimar. Ciencia y literatura, pues, no implican perspicacia; pero su cultivo es, sin duda, un excitante que favorece el despertar de la mente y la mantiene en esa alerta luminosa que constituye la inteligencia.

Porque después de todo la diferencia entre el inteligente y el tonto consiste en que aquél vive en guardia contra sus propias tonterías, las reconoce en cuanto apuntan y se esfuerza en eliminarlas, al paso que el tonto se entrega a ellas encantado y sin reservas.

Por esa razón del estímulo constante hay más probabilidades para que un intelectual sea inteligente; pero yo considero grave desdicha que en una época o en una nación la inteligencia quede prácticamente reducida a los límites de la intelectualidad. Porque la inteligencia se manifiesta, sobre todo -no en el arte, no en la ciencia- en la intuición de la vida. Ahora bien: el intelectual no vive apenas, suele ser un hombre muy pobre de intuiciones, no actúa apenas en el orbe, conoce poco la mujer, los negocios, los placeres, las pasiones. Lleva una existencia abstracta y raramente puede arrojar un trozo de auténtica carne viva a los colmillos puntiagudos de su intelecto.

La inteligencia del intelectual nos sirve de muy poco: actúa casi siempre sobre temas irreales, sobre cuestiones de su propio oficio. Por eso es una delicia para mí encontrar a Olmedo, verle llegar sonriente, precedido por el doble florete de su mirada -mirada perforante y casi cínica, que parece levantar las faldas a todas las cosas para ver cómo son por dentro. Olmedo es banquero y hombre del gran mundo. Cuando atraviesa rápido por mi existencia, al fin y al cabo, escuálida, como de intelectual, me parece un meteorito coruscante que llega cargado de áureo polvo sideral. Venga de donde venga, yo sé que viene siempre del Universo y que, en su viaje, al paso, ha visto de soslayo lo que se hacía en Venus y ha dado en el anca una palmada a Neptuno. Olmedo sabe mucho también de libros; sabe tanto como un intelectual; pero no lo sabe en intelectual, sino en hombre de mundo. No ha permitido nunca que el eje de su persona quede hincado en ningún oficio, y por lo mismo limitado, sino que lo deja vagar a la deriva de su destino unipersonal.”

¿por qué el arte conmueve?

Es más o menos sabido el disgusto de algunos sectores de la escena cultural posmoderna con el ‘posmodernismo’; muchos de sus detractores lo consideran jerigonza y otros se limitan a decir que es burgués, pretensioso e incomprensible. Habitan el ciberespacio excelentes ejemplos de crítica posmoderna -en el peor sentido que podemos dar al término- a la posmodernidad, usualmente vienen de filósofos ocupados de problemas “realmente importantes”, como la demarcación entre las ciencias y las pseudo-ciencias.

Como sea, les dejo un par de ideas de Anne Sauvagnargues a propósito de territorialidad y arte.

Dice Sauvagnargues que “el arte no es un rasgo antropomórfico, no es lo propio del hombre, sino que debe ser comprendido conforme la lección de Nietzsche, es decir, como fenómeno vital. Allí donde Nietzsche funda la creación en la potencia de la voluntad, Deleuze, lo mismo que Uexküll, Ruyer y Leroi-Gourhan, piensa el arte como agenciamiento territorial, algo que es propio, no de la vida, sino del animal que posee un territorio y una casa, es decir, que agencia materias expresivas en una operación vital tributaria de la territorialización.

El arte, así pensado, corresponde más a una afectología, ya que el afecto implica una signaléctica y una capacidad expresiva que modulan materiales y cualidades y los transforman de lo funcional a lo expresivo. Por eso, continúa Sauvagnargues siguiendo a Deleuze, el arte no es la expresión de lo vital, sino de la territorialización.

El territorio no es un espacio ya dado, un lugar, sino un acto de relación , la de una “distancia crítica entre dos seres de la misma especie” que sirve para “marcar sus distancias”. Así, el territorio no es un lugar, sino un acto que arranca del caos del mundo a fuerzas que él condensa y hace visibles. El medio no territorializado, señala Sauvagnargues, carece de existencia para cualquier viviente.

Aquí sigo yo: sin umbral, pues, no hay nada y el arte es intento de captura de las fuerzas que producen al umbral. Tal vez por esto es que el arte conmueve, porque nos relaciona con las fuerzas que hacen algo de la nada.

A partir de aquí, tal vez resulta más fácil entender a qué se refiere Meltzer con el lenguaje de los sueños. Él señala que este utiliza tanto una forma lingüística simbólica (lenguaje interno) como una forma plástica simbólica (imagen). El lenguaje interno consiste principalmente en gestos y sonidos (canto y danza), de manera parecida al primer lenguaje instintivo infantil que precede el desarrollo verbal del lenguaje para la comunicación con el mundo exterior. Es un lenguaje que frecuentemente expresa experiencias preverbales, las mismas evocadas por el arte, que el lenguaje verbal no es siempre capaz de expresar.

¿En qué Iglesia estamos?

P. Román Fortuny, Comunidad de los Traperos de Emaús en Sabadell, Barcelona, Testimonio.

El día 8 de marzo del 1998 estábamos en Huixtán para pernoctar allá y al día siguiente llegar a la comunidad de Chanal. Un lugar donde las autoridades civiles se habían incautado del templo para que únicamente estuviera al servicio de la población católica llamada de “la tradición”, lo cual significa que la población que seguía la orientación y las propuestas diocesanas no puede entrar en el templo.
Esta tarde tuve ocasión de ver las noticias en la TV, y escuché cómo varias personas, intelectuales y del campo de la política, se referían a la visita de los obispos de Chiapas a la población de Chanal. Todos hablaban en un tono despectivo y con afirmaciones como éstas: “Obispos nefastos para este país”, es como para “avergonzarnos de tener una plática con ellos”, “personas subversivas que desmerecen la dignidad que requiere un obispo”, etc. Para colmo, aquella misma noche cayó una piedra en el patio de la parroquia que llevaba un mensaje escrito atado con un lazo; el mensaje decía: “Esta Noche habrá Sangre”.
Al día siguiente, los obispos con rostro de preocupación decidieron convocar a los servidores de la comunidad de Chanal para una reunión por la tarde. Llegaron como unas doce personas, la palabra de Samuel fue la siguiente: “Hermanos, nosotros somos sus obispos, estamos de visita pastoral. Ustedes sufren mucho y por ello queremos acompañarlos en este sufrimiento; pero nos damos cuenta de que ustedes y nosotros corremos un riesgo grande. Nosotros queremos correr todo el riesgo que ustedes quieran correr, por eso somos sus obispos; pero lo que no podemos, es que todos corramos un riesgo que ustedes no quieran correr. Así pues, nuestra pregunta es: ¿Posponemos esta visita para otro momento o decidimos mantenerla de todos modos?
Se hizo un silencio intenso, y un hermano dijo: hagamos oración. Se inició una oración colectiva en la que cada uno expresa a media voz lo que nace de su corazón. Unos diez minutos de oración, un breve silencio, y se cruzan las miradas entre unos y otros, para que los principales digan: “Vengan, que no pasará nada”. Samuel cerró el encuentro diciendo: “Mañana, si Dios quiere, a las 6 de la mañana estaremos en el crucero de Chanal“. Aquí empecé a preguntarme: ¿En qué iglesia me encuentro? En la que yo conozco un asunto de esta envergadura no se contempla ni se resuelve de esta manera…
Cenamos y nos vamos al descanso.
A media noche, como a la una de la madrugada: golpes de piedra o de palos en las ventanas, gritos y ruidos nos desvelan a todos los de la casa. Don Raúl pide a un hermano tzeltal que pregunte a quienes golpean y gritan, ¿Quiénes son y qué desean? La respuesta es: “Somos la policía que venimos a buscar a los obispos”. Don Raúl expresó que Don Samuel no estaba, intentó eludir respuestas, pero no le quedó otra que ir con los policías.
En aquel momento le dije: Yo le acompaño; su respuesta fue: No, porque puede ser que en el trayecto nos maten y ¿porqué has de acabar aquí cuando no tienes nada que ver con todo esto? Mañana, Ustedes (el P. Henry y tú) estén en el crucero a las seis.
Quien lea esta comunicación comprenderá que el grado de sorpresa y de perplejidad iba en aumento: ¿En qué Iglesia estamos?
Sin pegar ojo, a las seis, ambos estábamos en el crucero de Chanal. Al rato llegó una camioneta con una persona, su conductor, para decirnos: No ha pasado nada, los obispos están bien y vienen hacia acá. Me adelanto para decirles que se ha llegado a un acuerdo, es decir: se puede hacer la visita a Chanal con las siguientes condiciones: no se puede entrar en el templo, no lanzar cohetes, ni vivas, ni aplausos. Únicamente pueden buscar un espacio para rezar. La respuesta inmediata del P. Henry fue: He de ir a avisar a la gente porque en cuanto vean el carro de Samuel y el de Don Raúl, saltará el primer cohete. El señor de la camioneta dice: No, me han dicho expresamente que no vaya Ud. porque existe la posibilidad de que le maten por el camino.
El P. Henry replica y dice: O voy yo o no va nadie, porque no puedo cargar en mi conciencia enviar a un Hermano y que lo maten. Se armó como una controversia, de cómo evitar los cohetes y los aplausos impidiéndonos dar el aviso para ello. A unos metros de lejanía, estaba una redila cubierta con la lona y con hermanos en oración en su interior, que podíamos escuchar desde nuestro lugar. De pronto, dos jóvenes saltan de la redila para acercarse y decir sin preguntar nada: Vamos nosotros. Otro momento de perplejidad y de tener una percepción en mi interior totalmente nueva para mí.
Al rato llegan los carros con Samuel y Don Raúl. Se forma la comitiva y nos acercamos a la población de Chanal.
Me impresionó el “espectáculo”: ver a toda una población indígena, con sus trajes propios del lugar. Hombres con sus sombreros, con los cohetes en la mano y boca abajo, las mujeres con sus mantos bordados sobre blanco, con ramos de flores y palmas en sus manos. Todos ellos manteniendo un silencio sepulcral en el centro de la plaza del pueblo. Alrededor, formando un círculo en toda la plaza, numerosos carros de combate, tanquetas, camiones, soldados y policías armados con fusiles y ametralladoras, en posición amenazante apuntando hacia la gente.
Me cuesta describir lo que sentí en aquel momento; pero puedo afirmar que comprendí qué significa la fuerza de la dignidad de un pueblo, con su silencio y mirada serena, frente a otra fuerza: la fuerza del poder que necesita instrumentos para matar, es decir las armas que les dan una seguridad, más allá de cualquier razón.
Percibí cómo la mirada y la actitud de los indígenas hacia los soldados y sus armas amenazantes, tenían una fuerza infinitamente superior a la de aquel montón de fierros para matar. El pueblo miraba a los soldados como a hermanos, y los soldados fríamente cumplían órdenes superiores, que ni siquiera lograron meter el miedo en el corazón de aquel pueblo.
Entendí como nunca la expresión de San Pablo: “la fuerza se pone de manifiesto en la debilidad”.
La oración consistió en la lectura de un fragmento de la primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios capítulo cuatro: “Pues al parecer, a nosotros los apóstoles, Dios nos ha destinado al último lugar, como condenados a muerte; nos ha convertido en espectáculo para el mundo, tanto para los ángeles como para los hombres. Así que nosotros somos unos necios por Cristo y ustedes sabios en Cristo; nosotros débiles, ustedes fuertes; ustedes alabados, nosotros despreciados. Hasta el presente no hemos padecido más que hambre, sed, desnudez y malos tratos; andamos de un lado a otro y nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos. Nos insultan y nosotros bendecimos; nos persiguen y lo soportamos; nos calumnian y respondemos con bondad. Nos hemos convertido en la basura del mundo, hemos llegado a ser el desecho de todos hasta ahora” (I Cor. 4, 9-13)
Con la escucha de esta Palabra, se me inundaron los ojos, se perdió la sorpresa, se acabó la perplejidad, y hallé la respuesta a: “¿En qué Iglesia estamos?”
En este instante comprendí, no desde la racionalidad, sino desde la vida, que la Palabra dice mucho más: “la Palabra de Dios: no sólo habla para nosotros, sino que habla de nosotros

Resolution

Aquí mi traducción libre de Resolution.

The surge and clatter of whitewater conceals

how shallow underneath is, how quickly gone.

Leave that noise behind. Come here

where the water is slow, and clear.

Watch the crawfish prance across the sand,

the mica flash, the sculpin blend with stone.

It’s all beyond your reach though it appears

as near and known as your outstretched hand. 

Ron Rash

 

Resolution

Ron Rash

      El ímpetu y estruendo de la cascada ocultan

lo superficial y efímero de su interior.

¡termina tu ruido y ven!

      adonde el agua es lenta y clara

Mira los saltos del cangrejo en la arena,

                            el brillo de la mica, o al charrasco mezclado con la piedra.

Todo está                          fuera de tu alcance, aún si aparenta

             cercanía y familiaridad.

Rilke y la transitoriedad

En 1913 Freud se encontró con Rilke y la polémica (al menos en este blog) Lou Andreas-Salome. El tema, según Freud, fue sobre la transitoriedad y cómo Rilke parecía admirar la belleza de la naturaleza, pero no obtener placer de esta. Lehmann tiene un bonito artículo sobre el tema (Lehmann, H. (1966). A Conversation Between Freud and Rilke. Psychoanal. Q., 35:423-427).

Klage, otro de esos términos alemanes, es a la vez una queja, un pleito y una súplica. Es un lamento. De Rilke presento Lamento. Como siempre, advierto que cualquier falla en la traducción no es intencional.

KLAGE LAMENTO
O wie ist alles fern

und lange vergangen.

Ich glauben, der Stern,

von welchem ich Glanz empfangen,

ist seit Jahrtausenden tot.

¡Qué lejano está todo

y pasado hace tanto!

Yo creo que la estrella

cuyo fulgor recibo

ha muerto hace tiempo.

Ich glaube, im Boot,

das vorüber führ,

hörte ich etwas banges sagen.

Yo creo que en la barca

que ha pasado de largo,

algo temible oí.

Im Hause hat eine Uhr

geschlagen . . .

In welchem Haus? . . .

En la casa un reloj

recien latió…

¿en qué casa?

Ich möchte aus meinem Herzen hinaus

unter den großen Himmel treten.

Ich möchten beten.

Und einer von allen Sternen

müßte wirklich noch sein.

Quisiera desde mi corazón salir

hacia el gran cielo.

Quisiera rezar.

Pedir que entre tantas estrellas,

Muertas hace tiempo,

Alguna permanezca.

Ich glaube, ich wüßte,

welcher allein

gedauert hat,—

welcher wie eine weiße Stadt

am Ende des Strahls in den Himmeln steht . . .

Yo creo que sé

cuál de todas permanece…

Cuál de todas,

como una ciudad de luz blanca,

sigue de pie, al borde del cielo.

 

El Ser se dice de una sola manera

Hoy nos toca una escritura más psicoanalítica…

Dijo por ahí Jacques-Alain Miller que a Deleuze no le gustaba Heidegger y que hacía una sátira de él para morirse de la risa… no sé.

  • Deleuze contrapone a la analogía la repetición. Frente al pensamiento analógico, que es de gestos lentos y geografías sedentarias (para decirlo citando a José Luis Pardo), tenemos a la repetición, la univocidad y la diferencia. El lugarteniente del pensamiento analógico es la representación, mientras que la repetición es su opuesto.

La compulsión a la repetición es el empuje del Ser. Cito a Deleuze:

“La univocidad significa: lo que es unívoco es el ser mismo, lo que es equívoco es aquello de lo que se dice. Justo lo contrario de la analogía. El ser se dice según formas que no rompen la unidad de su sentido, se dice en un solo y mismo sentido a través de todas sus formas; de ahí que nos hayamos opuesto a las categorías de nociones de distinta naturaleza. Pero aquello de lo que se dice difiere, aquello de lo que se dice es la diferencia en sí misma. Lo que no es el ser análogo que se distribuye entre las categorías y reparte un lote fijo de sí entre los entes, sino que los entes se distribuyen en el espacio del ser unívoco abierto mediante la totalidad de las formas. La apertura pertenece esencialmente a la univocidad. A las distribuciones sedentarias de la analogía se oponen las distribuciones nómadas o las anarquías coronadas en lo unívoco”

  • Yo no sé si es esto a lo que se refería también Badiou como el clamor del Ser, creo que sí… se trata de un solo y mismo océano para todas las gotas, se trata de O. Si, Bion se refería a la pregunta por el Ser.

Miller discurre sobre la pregunta “¿Qué significa pensar?” y señala que, “siendo una pregunta filosófica, tiene, desde luego, mucho eco en la clínica”.

  • Mi versión de la respuesta de Bion va así:  una cosa es tener pensamientos y emociones y otra, bien distinta, es darse cuenta de estos pensamientos y emociones. Darse cuenta ES pensar, ¿lo ves?

Regresando a Miller, no recuerda que “Hay pensamientos que se acarician, hay pensamientos que se guardan para uno y para su analista, cuando se está en análisis y se es honesto, lo que no siempre es el caso. Me entero a veces que tal analizante se abstuvo durante tres años, a pedido de sus amigos, de decirme algo que tal vez me hubiese dolido, que se ocultaba un pequeño secreto de grupo que era mejor dejar de lado. Eso es malgastar un análisis… Pero, en fin, normalmente, hay pensamientos que uno conserva para sí y que solo comparte con su analista. Hay que compartir todo con su analista. Se comparte con él una parte de su fortuna, se comparte con él una parte de su vida, y en el orden del pensamiento, hay que compartir todo. Incluso cuando no está, se comparte. El analista es un espectro. Está presente en los pensamientos del analizante, lo sepa o no.”

  • Analogía y univocidad… no van.
  • Duns Scoto llegó a esto pensando en la posibilidad del conocimiento de Dios: no hay forma de conocerlo por analogía, sólo por univocidad. “Toda investigación sobre Dios supone entonces que el intelecto tenga el mismo concepto unívoco, que saca de las criaturas.”
  • Deleuze, tal vez pensando en esto, dirá -una y otra vez, por cierto-, MONISMO = PLURALISMO. Formalmente diverso, ontológicamente uno. (Otra vez Duns Scoto)

Bueno pues… dejemos este asunto abierto.

  • Otra vez Deleuze (este verso sólo hace sentido bien pronunciado): “Ninguna dimensión es el centro del tiempo, pero cada una vuelve en todas las demás, y a su vez las hace volver. Cada una es entonces una suerte de círculo, pero descentrado por relación a los demás y no coincidente consigo mismo en su retorno (puesto que vuelve en los otros). El círculo se repite deviniendo otros círculos: de uno a otro o a los otros corre la línea abstracta o línea de fuga, que no hace contorno sino que se enrolla desenrollándose de un círculo a otro.”

Ah no, esta entrada va sin conclusiones ni moraleja.

Mi empresa no es difícil, esencialmente.

Hagamos una deconstrucción -creo- de un fragmento de Pierre Menard, autor del Quijote, de Borges. Conviene hacer tres aclaraciones impertinentes (te las puedes brincar):

  1. Gödel y Tarski probaron que no todo enunciado verdadero es demostrable (bueno, esto ya lo venían diciendo desde la Edad media) y que no todo lo irrefutable es verdadero (esto nadie lo quiere decir).
  2. Paul Cohen descubre (este es un asunto bien serio de ontología… ¿descubre o construye?) un método (Forcing) que permite construir distintos modelos de una teoría (van Fraassen “seguro” que lo leyó). El método Forcing permite crear mundos en los que suceden cosas sorprendentes (mundos posibles)
  3. Según el lema Borell-Cantelli, un solo mono inmortal que ejecutase infinitamente tecleos sobre una máquina de escribir casi seguramente (esta es una convergencia a una variable límite, no es un modo de hablar, ¿eh?) podría escribir cualquier texto dado, además, el texto sería producido un infinito número de veces.

Bueno, a lo que vamos (este es el texto de Borges reacomodado) …

[después de enumerar] la obra visible de Menard, en su orden cronológico. Paso ahora a la otra: la subterránea, la interminablemente heroica, la impar. También ¡ay de las posibilidades del hombre!, la inconclusa. Esa obra, tal vez la más significativa de nuestro tiempo, consta de los capítulos noveno y trigésimo octavo de la primera parte del Don Quijote y de un fragmento del capítulo veintidós. Yo sé que tal afirmación parece un dislate; justificar ese «dislate» es el objeto primordial de esta nota.

Quienes han insinuado que Menard dedicó su vida a escribir un Quijote contemporáneo, calumnian su clara memoria. No quería componer otro Quijote —lo cual es fácil— sino «el» Quijote. Inútil agregar que no encaró nunca una transcripción mecánica del original; no se proponía copiarlo. Su admirable ambición era producir unas páginas que coincidieran —palabra por palabra y línea por línea— con las de Miguel de Cervantes.

30 de septiembre de 1934, Bayonne. Escribe Pierre Menard:

Mi propósito es meramente asombroso… el término final de una demostración teológica o metafísica —el mundo externo, Dios, la causalidad, las formas universales— no es menos anterior y común que mi divulgada novela. La sola diferencia es que los filósofos publican en agradables volúmenes las etapas intermediarias de su labor y que yo he resuelto perderlas…

En efecto, no queda un solo borrador que atestigüe ese trabajo de años.

El método inicial que imaginó era relativamente sencillo: conocer bien el español, recuperar la fe católica, guerrear contra los moros o contra el turco, olvidar la historia de Europa entre los años de 1602 y de 1918, ser Miguel de Cervantes. Pierre Menard estudió ese procedimiento (sé que logró un manejo bastante fiel del español del siglo XVII) pero lo descartó por fácil.

–      ¡Más bien por imposible!

De acuerdo, pero la empresa era de antemano imposible y de todos los medios imposibles para llevarla a término, éste era el menos interesante. Ser en el siglo XX un novelista popular del siglo XVII le pareció una disminución. Ser, de alguna manera, Cervantes y llegar al Quijote le pareció menos arduo —por consiguiente, menos interesante— que seguir siendo Pierre Menard y llegar al Quijote, a través de las experiencias de Pierre Menard. (Esa convicción, dicho sea de paso, le hizo excluir el prólogo autobiográfico de la segunda parte del Don Quijote. Incluir ese prólogo hubiera sido crear otro personaje —Cervantes— pero también hubiera significado presentar el Quijote en función de ese personaje y no de Menard. Éste, naturalmente, se negó a esa facilidad.)

Mi empresa no es difícil, esencialmente. Me bastaría ser inmortal para llevarla a cabo.

Billy Budd: el lado absurdo de la bondad

¡Maldición!, decidí leer Billy Budd, de Herman Melville y, por supuesto, me arruinó el sueño. Al fin de la noche uno acaba con la sensación de que Billy intenta un motín, y sólo uno: el de nuestra consciencia.

La bondad es tartamuda: hay que escucharle sin prisas y a sabiendas de que, prisionera del mundo y atacada por la maldad, no alcanzará a articular su defensa. Como Billy, la bondad es víctima de la crueldad, que le priva de todo y que usa sus mejores cualidades en su contra.

Les dejo unos fragmentos que, en mi opinión, muestran el argumento de la terriblemente maravillosa novela:

‘Beg pardon, but you don’t understand, Lieutenant. See here now. Before I shipped that young fellow, my forecastle was a rat-pit of quarrels. It was black times, I tell you, aboard the Rights here. I was worried to that degree my pipe had no comfort for me. But Billy came; and it was like a Catholic priest striking peace in an Irish shindy. Not that he preached to them or said or did anything in particular; but a virtue went out of him, sugaring the sour ones. They took to him like hornets to treacle; all but the bluffer of the gang, the big, shaggy chap with the fire-red whiskers. He indeed, out of envy, perhaps, of the newcomer, and thinking such a “sweet and pleasant fellow,” as he mockingly designated him to the others, could hardly have the spirit of a game-cock, must needs bestir himself in trying to get up an ugly row with him. Billy forbore with him, and reassured with him in a pleasant way—he is something like myself, Lieutenant, to whom aught like a quarrel is hateful—but nothing served.

 

… What was the matter with the master-at-arms? And be the matter what it might, how could it have direct relation to Billy Budd, with whom prior to the affair of the spilled soup he had never come into any special contact, official or otherwise? What indeed could the trouble have to do with one so little inclined to give offense as the merchant ship’s peacemaker, even him who in Claggart’s own phrase was ‘the sweet and pleasant young fellow’? Yes, why should Jemmy Legs, to borrow the Dansker’s expression, be down on the Handsome Sailor?

 

But, at heart and not for nothing, as the late chance encounter may indicate to the discerning, down on him, secretly down on him, he assuredly was.

 

… But the thing which in eminent instances signalizes so exceptional a nature is this: though the man’s even temper and discreet bearing would seem to intimate a mind peculiarly subject to the law of reason, not the less in his soul’s recesses he would seem to riot in complete exemption from that law, having apparently little to do with reason further than to employ it as an ambidexter implement for effecting the irrational. That is to say: toward the accomplishment of an aim which in wantonness of malignity would seem to partake of the insane, he will direct a cool judgment sagacious and sound.

 

These men are true madmen, and of the most dangerous sort, for their lunacy is not continuous, but occasional; evoked by some special object; it is secretive and self-contained, so that when most active it is to the average mind not distinguished from sanity, and for the reason above suggested that whatever its aim may be, and the aim is never disclosed, the method and the outward proceeding is always perfectly rational.

 

… That Claggart’s figure was not amiss, and his face, save the chin, well molded, has already been said. Of these favorable points, he seemed not insensible, for he was not only neat but careful in his dress. But the form of Billy Budd was heroic; and if his face was without the intellectual look of the pallid Claggart’s, not the less was it lit, like his, from within, though from a different source. The bonfire in his heart made luminous the rose-tan in his cheek.

 

In view of the marked contrast between the persons of the twain, it is more than probable that when the master-at-arms in the scene last given applied to the sailor the proverb ‘Handsome is as handsome does,’ he there let escape an ironic inkling, not caught by the young sailors who heard it, as to what it was that had first moved him against Billy, namely, his significant personal beauty.

 

Now envy and antipathy, passions irreconcilable in reason, nevertheless, in fact, may spring conjoined like Chang and Eng in one birth. Is envy then such a monster? Well, though many an arraigned mortal has in hopes of mitigated penalty pleaded guilty to horrible actions, did ever anybody seriously confess to envy? Something there is in it universally felt to be more shameful than even felonious crime. And not only does everybody disown it, but the better sort are inclined to incredulity when it is in earnest imputed to an intelligent man. But since its lodgment is in the heart, not the brain, no degree of intellect supplies a guarantee against it.

El horizonte de lo infinito

Hemos dejado tierra, ¡nos hemos embarcado!

Hemos cortado los puentes, o más aún, ¡hemos dejado la tierra atrás!

Desde ahora, ¡ten cuidado, barcaza! A tu lado se extiende el océano;

por supuesto, no siempre brama y a veces se despliega

como seda y oro y como un ensueño de la bondad.

Pero llegan horas en que reconocerás que no tiene límite

 y que no hay nada más espantoso que el infinito.

¡Pobre pájaro que te sentiste libre y que

ahora chocas con los barrotes de semejante jaula!

¡Desgraciado de ti si te asalta la nostalgia de la tierra,

como si en ella hubiese habido más libertad,

ahora que ya no hay tierras!

Nietzsche, Aforismo 124: El horizonte de lo infinito