La humanidad del otro hombre

Transferirse, aceptar la debilidad sin cobardía; es el ser cayendo en humanidad, como una lágrima.

Where have I been? Where am I? Fair daylight,

I am mightily abus’d. I should e’en die with pity,

To see another thus. I know not what to say.

I will not swear these are my hands. Let’s see.

I feel this pin prick. Would I were assur’d

Of my condition!

Shakespeare, King Lear IV, 7.

 

Para evitar la desesperanza existencial solemos tomar la salida que desmiembra al otro. Lo que no vemos es que esta violencia también nos borra a nosotros: humanos “apenas”, brincamos de evento en evento, de cuerpo en cuerpo, de acto en acto, de una noche a la que sigue. Consumimos sin nutrirnos y, languideciendo, necesitamos más.

Hace unos años leí un trabajo de Kristeva en que nos recuerda que la libertad tiene que ver con la capacidad del hombre de encontrar a los otros como otros. No se trata -digo yo- de ignorar a los otros, ni de usar a los otros, ni de acordarse de los otros cuando uno necesita de sus servicios o está aburrido o triste, sino de transferirse al lugar de los otros (eso es diferente a proyectarse). Transferirse al lugar de los otros nos permite escoger bien entre los muchos -no infinitos- vínculos posibles y nos permite hacer juicios apropiados.

Transferirse al lugar de los otros nos permite darnos cuenta de que querer no es querer complacer y respetar no es permitir que hagan de nosotros una alfombra. También nos permite darnos cuenta de que contener no es digerir por el otro. Si podemos hacer esto, nuestra relación se hará re-unión: conciencia de sí y ser-en-acto (para usar los términos de Levinas). Solamente así la experiencia es fuente de sentido.

Sentir

“Me siento sola y asustada” -me dijo.

Lo siento mucho, pensé.

Je sens. Resulta que el verbo sentir, en francés, significa oír/sentir/oler.

  1. Sentir es “to feel” y también “to sense”. “Lo siento”, literalmente “I feel it”; es una de esas expresiones sabias que hablan del adentro (el psiquismo), la frontera (la piel) y el afuera (las cosas).
  2. Sentir es una palabra que ha caminado desde el latín sentire, vinculada con la raíz indoeuropea *sent, que podemos entender como tomar una dirección. Así, sentir es también dirigirse a algún lugar.
  3. Sentire también está vinculada con el germánico sinn, que puede entenderse como deseo, comprensión y significado (sinn machen)

Sentir nos recuerda cómo alma y cuerpo están anudados, también nos recuerda que alma y sentido están anudados e igualmente que tú y yo estamos anudados.

Sentir es sentir el mundo y, con suerte, cuando uno siente, lo siente.

Así está bien

Bion, sus cogitaciones y nuestras pequeñeces

Hace unos días escuché a unos colegas hablando acerca del taller/conferencia que dio respetadísima maestra sobre temas del quehacer de los psicoanalistas. Confieso que yo no asistí al taller, tenía pacientes y -como suele pasarme- andaba un poco empachado de teoría. Como sea, los colegas se armaron sendos pseudo-argumentos a favor y en contra del conocimiento de la ponente.

Hipnotizado por las palabras de mis colegas, me sorprendí “entrando” a su debate y jalando recuerdos e ideaciones de aquí y de allá, haciendo pequeñas escaramuzas mentales que, por suerte, se extinguieron pronto. Ayer por la mañana llegó a mi mente un pequeño texto de Bion, de sus pre-postumas Cogitaciones.

El texto es de 1969, ¿tal vez del 15 de marzo?. La traducción es mía (seguro hay otra mejor).

Mucha de la controversia psicoanalítica no es ninguna controversia. Si la escuchamos por suficiente tiempo -ponga usted un año, aunque preferentemente dos o tres- los patrones empiezan a emerger, al punto que podría escribir una ponencia apropiada para citarse en cualquier mesa de jornada, taller o simposio, simplemente alterando una o dos frases.

“Damas y Caballeros, hemos escuchado un texto estimulante y muy interesante. Yo tuve la gran ventaja de leerlo con anticipación y, aunque no puedo decir que coincido en todo lo que ha dicho el Dr. X” (principalmente porque no tengo una remota idea de lo que él piensa que está diciendo y estoy seguro de que él tampoco), “encuentro su presentación extremadamente estimulante. Hay muchos puntos que me gustaría discutir con él si tuviésemos el tiempo” (gracias a Dios no lo tenemos), “pero sé que aquí hay muchos colegas ansiosos por tomar el micrófono” (en particular todos nuestros insoportables residentes que hasta el momento nadie ha logrado callar). “Así que no tomaré mucho de nuestro tiempo. Sin embargo, hay un asunto en el que a mi me gustaría que el Dr. X pudiese compartir sus ideas” (en este punto me preparo para dar a uno de mis rollos favoritos su periódica salida a pasear, no importa ni mínimamente cuán irrelevante sea o que tan improbable sea que el Dr. X tenga algo que decir sobre el asunto, tampoco importa que yo no tenga la menor intención de escuchar los puntos de vista del Dr. X, en el improbable caso de que los tenga.) “Pienso que” (y solamente los pobres diablos de mi grupillo saben qué tan a menudo pienso) “que… etc… etc.”

¿Por qué luchamos?

Come the war
Come the avarice
Come the war
Come hell

Come attrition
Come the reek of bones
Come attrition
Come hell

This is why
Why we fight
Why we lie awake
And this is why
This is why we fight

The Decemberists

Hay algo acerca de la muerte que es, al mismo tiempo, obvio y un poco estresante. Jankélévitch lo resumió bastante bien reflexionando sobre una idea sencilla de su maestro Bergson.

Bergson dice curiosamente, pero muy profundamente además, que el ojo es desde luego el órgano de la visión, porque sin los ojos no se vería, pero en otro sentido, es un obstáculo para la visión. No dice que si no tuviéramos ojos, veríamos todavía mejor, sino que el ojo es una limitación de la visión. Tener ojos es ver pero al mismo tiempo no es sino ver.

Pensemos en los cráteres de la luna o los ácaros en la almohada o la coloración ultravioleta que guía a las mariposas al néctar y entenderemos cómo la visión tiene un alcance, un campo limitado. En consecuencia, el ojo no es solamente un medio para ver, es también un impedimento para ver.

Igualmente, el cuerpo por el cuál estoy presente aquí, por el cual me expreso, existo, vivo, al mismo tiempo me impide estar en otra parte, me deja a merced de las enfermedades, de todas las miserias de las cuales el cuerpo es la fuente.

El lenguaje por el cual me expreso y al mismo tiempo con el que me debato, siempre más acá o más allá de mi pensamiento, en retirada. En un sentido, el lenguaje es un impedimento para expresarse, pero el hombre no puede expresarse sino porque está impedido de expresarse. El impedimento de expresarse es el medio de expresión, porque somos hombres.

Es lo mismo para la muerte. La muerte no solamente nos impide vivir, limita la vida, y después un buen día la acorta, sino que al mismo tiempo comprendemos que el hombre no sería él mismo un hombre sin la muerte, que es la presencia latente de esa muerte la que hace las grandes existencias, la que les brinda su fervor, su ardor, su tono. Se puede decir entonces que lo que no muere no vive.

No es la muerte lo que está a la derecha del nacimiento, ni se trata del engaño de la linealidad en donde nada hay antes del nacimiento y nada después y en medio de esa nada hay, con suerte, diez mil veces diez mil latidos. Más bien es la muerte la que nos hace hombres.

Se trata del poder de la antítesis, es lo no visto lo que define la visión, como es la muerte la que define la vida. Como el paciente que ha articulado eso que sabía pero ignoraba, a quien le duele el pecho frente a una verdad distinta que le impide regresar al punto de origen, así la muerte es el desconocimiento al final del conocimiento.

Es cierto, entre más nos conocemos más nos desconocemos.

“No me digas que entre más nos conocemos más nos desconocemos, eso es muy triste” – me dijo.

Hay una fatiga vital, independiente de la fatiga del cuerpo, que acompaña la mejor salud y que proviene del incremento del volumen de recuerdos y del hecho de que un hombre dotado de pensamiento, de conciencia no puede no tener conciencia. No puede impedirse sobrevolar su propio devenir. No puede impedirse tarde o temprano volver a medir la pista jalonada de la existencia, lo que ya ha vivido y lo que le queda por vivir. De pronto, se da cuenta. Vaya, nací en tal año. Vaya, tengo todavía para quince años antes de mi retiro. Empieza a contar los años . . .

Esto proviene de que el hombre no es solamente un ser que es, sino que toma conciencia de que es. Sobrevuela su devenir y no puede hacerlo de otro modo porque tiene una conciencia para tornar conciencia. Cuando se sobrevuela el devenir al mismo tiempo que se está dentro de él, entonces la colisión engendra la angustia de la muerte. Pero la alternativa es la inmortalidad del alma animal, esa que no tiene idea de su muerte.

Diría Cioran, ““La ruptura del ser te pone enfermo de ti mismo, de manera que basta pronunciar palabras como olvido, desdicha o separación para disolverse en un mortal escalofrío. Y, entonces, para vivir arriesgas lo imposible: aceptas la vida”

El chileno Roberto Bolaño lo resume así:

Yo soy de los que creen que el ser humano
está condenado de antemano a la derrota,
a la derrota sin apelaciones,
pero que hay que salir y dar la pelea
y darla además de la mejor forma posible,
de cara y limpiamente, sin pedir cuartel
(porque además no te lo darán),
e intentar caer como un valiente,
y eso es nuestra victoria.

De organilleros y monos cilindreros

Últimamente leemos en los periódicos o escuchamos opiniones acerca de personajes de la política que son impredecibles, caprichosos, indolentes o brillantes. Son gente que por la mañana insulta a sus amigos y para la hora de la comida les dice que son geniales o bien que daña -a veces letalmente- a sus enemigos y después aparece en actos públicos mostrando una fachada santurrona. Y claro, no solamente habitan las arenas de la política, los encontramos en corporaciones, religiones, academia, etc.

No somos ajenos a esto (baste con recordar varias escenas de la serie “El Padrino” para identificar lo que se podría pensar como el modus operandi de estos personajes), es más, ni siquiera sería interesante escribir sobre el asunto si las cosas se quedaran en guiones de Hollywood o con uno que otro de estos personajes anecdóticos.

Pero algo que me parece preocupante es que este “modo de ser” impredecible, agresivo, mentiroso, contradictorio y  confuso de unos pocos y que les ha dado resultado y les ha permitido crecer hasta convertirse en figuras con diferentes cuotas de poder, está siendo imitado por otros. No es que sea deconstruido o decantado o copiado, como el escriba lo hacía con los textos antiguos, se trata de una simple mímica -en el peor sentido del término-, un vil y vulgar copy & paste.

La lógica de los imitadores parece bastante obvia: “si le funciona a X, si le ha dado el poder para encantar a la masa, usurpar una función y paralizar a los otros, ¿por qué no usarlo?”. El imitador, cual mono cilindrero, recoge las ganancias de su amo, el organillero. Ninguno de los dos hace música, pero mientras que uno gira la manivela de la caja musical el otro pasa el plato.

Sobre los organilleros se hacen teorías: que si son genios de la negociación, hombres fríos y calculadores cuyo objetivo es aumentar sus activos a costa de los demás; que si son narcisistas malignos, personajes oscuros que se sirven de los otros, usando todos los medios posibles, sin reparos, memorias, lealtades o moral alguna.

El asunto es que al organillero esto no le importa, no le importa decir y des-decir, no le importa mentir, usar o traicionar, no le importa lastimar ni le importa favorecer. Al organillero no le importa nada. No le importa porque no tiene idea de lo que está pasando.

El mundo emocional del organillero es como el de todos, rico e interesante. Pero él ha adoptado la estrategia de alejarse y darle la espalda; tal vez porque le asusta mucho o porque sentir le resulta insoportable, ha preferido negar lo que siente -todo lo que siente-. Es el más profundo de los ignorantes, es la antítesis del dictum del Oráculo: el organillero ha decidido no conocerse a si mismo.

Como sea, nuestro “organillero favorito”, negando que siente, se conecta con el resto de las personas de un modo “torcido”: no habita en él la curiosidad, ni una necesidad de relacionarse, de buscar compañía, inclusión, apoyo, pertenencia, etc. NO, para el organillero las personas son “usos”; unas nalgas, unos senos, el que me da los boletos, me lava el auto, paga mis vacaciones, mis lujos, vota por mi, etc. Al organillero no le importa la música, ni las perforaciones en el rollo de papel, ni el funcionamiento de la caja, el organillero solamente mueve la manivela, azuza al mono y recibe su recompensa.

Se da cuenta que para “navegar” el mundo humano es necesario mostrar emociones, porque las emociones son los enchufes de los vínculos, así que el organillero las imita (él tiene emociones, pero decidió ignorarlas y después tiene que imitarlas para funcionar, ¿qué loco no?).

El espectáculo, visto desde este ángulo, es patético: por la mañana te odia y por la tarde te ama, y en algún punto del día te humilló, violó, robo y también te dio un beso. Él no te quiere a ti, solamente quiere lo que eres para él: un voto, una lavada, un acostón, un aplauso, etc. y para conseguirlo imitará tantas emociones como sea necesario, repitiendo la que mejor resultado le entregue, así, por puro reforzamiento positivo. Cuando se enoja, no está enojado y cuando se muestra contento no lo está. No te ama, no te odia, no te ignora, no te desprecia. El organillero no entiende nada de él y, por ende, tampoco entiende al mundo. No es un personaje tan complicado, no hay grandes habilidades de negociación ni un método en su locura, ni siquiera es personal. El sujeto brinca de una emoción a otra porque no tiene idea de lo que es sentir y, mucho menos, de lo que sienten los demás.

Nuevamente: el organillero imita la emoción que él piensa le permitirá obtener lo que busca. Las “víctimas” se sienten confundidas, coléricas, asustadas, no entienden por qué les hizo eso ni aceptan la realidad ante sus ojos, están paralizadas.

El organillero no tiene noción de la temporalidad: ni del pasado ni del futuro, vive el hoy porque no puede registrar lo demás, por eso hoy puede decir la barbaridad más terrible y mañana actuar como sino pasara nada. Hay quien piensa que este cambio en el discurso es una estrategia, pero no; realmente no tiene idea de la sucesión temporal (de ayer a mañana).

Pero aunque él crea que no hay mañana todo en el mundo tiene fecha de caducidad. En unos años dejará su posición de poder, se terminará de marchitar la vida orgánica en él y ya: algunos se quedarán recogiendo el tiradero y pagando la cuenta.

El imitador ha decidido, por avaricia, emplear lo que cree es una táctica, sin darse cuenta de lo que en realidad está pasando.

Conviene que todos dejemos la confusión y la parálisis: los organilleros no hacen música, solamente mueven la manivela para que les llenemos el plato, y los imitadores no son gente que se adapta y aprende, son monos cilindreros.

¿Qué es la complejidad? (1/?)

Recientemente hablé de teoría de la complejidad y despertó mucho interés, así que me he propuesto dedicar tiempo al asunto. En un sentido, el tema de este blog ha sido la complejidad: se trata de la aproximación polivalente e imprecisa al mundo, de la lógica difusa, de la tolerancia a la incertidumbre y al “no saber”. La complejidad se viste de poética, de ensoñación y de silencio.

Empezaré con las nociones básicas y de ahí nos iremos moviendo hacia terrenos sofisticados y sorprendentes. Me acompañaré de las ideas del entrañable maestro Rolando García para construir una plataforma de lanzamiento que nos llevará -con suerte- a otros lugares.

García, citando al francés Edgar Morin (a García no le encantaba Morín, pero igual la cita es buena), señala que:

La complejidad se impone de entrada como imposibilidad de simplificar; ella surge allí donde la unidad compleja produce sus emergencias, allí donde se pierden las distinciones y claridades en las identidades y causalidades, allí donde los desórdenes y las incertidumbres perturban los fenómenos, allí donde el sujeto-observador sorprende su propio rostro en el objeto de observación, allí donde las antinomias hacen divagar el curso del razonamiento.

La complejidad emerge como obscurecimiento, desorden, incertidumbre, antinomia (…) [y] fecunda un nuevo tipo de comprensión y de explicación que es el pensamiento complejo [el cual] se forja y se desarrolla en el movimiento mismo donde un nuevo saber sobre la organización y una nueva organización del saber se nutren mutuamente.

Y contrasta su posición sobre el tema:

En nuestra concepción de los sistemas complejos, lo que está en juego es la relación entre el objeto de estudio y las disciplinas a partir de las cuales realizamos el estudio. En dicha relación, la complejidad está asociada con la imposibilidad de considerar aspectos particulares de un fenómeno, proceso o situación a partir de una disciplina específica.

En otros términos, en el “mundo real”, las situaciones y los procesos no se presentan de manera que puedan ser clasificados por su correspondencia con alguna disciplina en particular. En ese sentido, podemos hablar de una realidad compleja. Un sistema complejo es una representación de un recorte de esa realidad, conceptualizado como una totalidad organizada (de ahí la denominación de sistema), en la cual los elementos no son “separables” y, por tanto, no pueden ser estudiados aisladamente.

Aunque estas dos caracterizaciones parecen distintas, podemos conectarlas si observamos que Morín resaltó algo importante acerca de los sistemas complejos, la emergencia.

Para entender mejor esto, consideremos que pensar un fenómeno físico es poder explicarlo (con una mejor o peor explicación) y, en los mejores casos, poder modelarlo (con modelos más o menos sofisticados), esto implica que cuando nosotros hablamos de un fenómeno físico lo hacemos “desde” el lugar de la explicación y la modelación. Así, un fenómeno puede ser desconocido, trivial, inexplicable o explicado (ojo, inexplicable no es sobrenatural, es inexplicable). En la explicación que uno da del mundo se juega todo lo que uno es (mentalmente, culturalmente, históricamente, etc.) Hablar del mundo es hablar desde la perspectiva de la explicación (nuestra explicación), de modo que las narrativas del mundo son explicaciones, aunque no lo parezcan.

Regresando a nuestro asunto, todo lo que decimos de un fenómeno es dicho desde el lugar de la explicación (en este sentido amplio que acabo de proponer) y para explicar nos valemos de todo tipo de artificios y marcos de referencia, que economizan las discusiones y permiten elaborar explicaciones que tienen la ventaja de ser acotadas y sofisticadas. Por ejemplo, cuando un científico da una explicación desde la “mecánica clásica”, ya nos avisó cómo se debe descodificar su narrativa (hacer caso omiso de esto podría ser un indicativo de ignorancia y necedad).

Dentro de nuestros artificios preferidos, aparece el concepto “sistema”, usamos ‘sistema’ para referirnos a fenómenos más o menos sofisticados, que nos interesa caracterizar. Ogata señala que un sistema es una combinación de componentes que actúan conjuntamente para alcanzar un objetivo específico y un componente es una unidad particular en su función en un sistema. De ninguna manera limitado a los sistemas físicos -continúa Ogata- el concepto de sistema se puede ampliar a fenómenos dinámicos abstractos, tales como los que se encuentran en la economía, el transporte, el crecimiento de la población y la biología. Un sistema se llama dinámico si su salida (la resultante de la interacción de los componentes) en el presente depende de una entrada en el pasado; si su salida en curso depende solamente de la entrada en curso, el sistema se conoce como estático.

Hay sistemas dinámicos que muestran comportamientos que no pueden explicarse a partir del análisis de sus componentes aislados, se trata de sistemas que “exhiben” propiedades nuevas (emergentes), que nos hacen suponer que hay interacciones “obscuras”, en el sentido que usa Edgar Morín. Las propiedades emergentes no pueden ser fácilmente modeladas ni explicadas. Además de las propiedades emergentes, un sistema complejo se nos presenta como conectado, interdependiente y adaptativo (iremos viendo).

Mientras que Morín se interesaba en la caracterización de un fenómeno etiquetado como sistema complejo, García se ocupó del cómo conocer al sistema complejo, señalando que requiere abordajes “especiales”, que incluyen la participación concertada de varias disciplinas. Me parece que no existe ninguna discrepancia entre ambos, solamente se aproximan al problema desde diferentes vértices epistemológicos.

Desde este lugar, el lector atrabancado podría juguetear con la idea de que la mente es un sistema complejo, pero nosotros pensamos que no: la mente es una propiedad emergente de un sistema complejo (cerebro-cuerpo-ambiente) y, si es que esta serie despierta interés, iremos dando forma a la argumentación que hará plausible a esta idea. Creo que esta generalización es lo que tenía en mente Donald Meltzer en un artículo muy hermoso (Sincerity: a study in the atmosphere of human relations), al que dedicaré próximamente un montón de trabajo.

Vamos con calma y pensemos, siguiendo un conocido ejemplo de Searle, en las moléculas de agua (H2O). La interacción de las moléculas en un estado de la materia específico (líquido) explica su liquidez (que el agua moje, para decirlo como de primaria), pero una molécula de agua no tiene tal cosa como liquidez, esta es el resultado de un fenómeno (agua en estado líquido) que puede modelarse como un sistema complejo. Algo similar ocurre con las neuronas y la mente, la interacción electroquímica de las neuronas produce una propiedad emergente llamada mente, pero las neuronas por separado no son mente.

Para decirlo claro, el cerebro NO es mente y la mente existe porque hay cerebro. Veremos más adelante que llevar esta idea hasta sus últimas consecuencias nos obliga a reconsiderar nuestra ontología y nuestra metapsicología.

¿por qué leer esta serie, se preguntará el lector?, bueno… igual se sorprenden…

Hasta la próxima.

¡Kasch, oh Kasch!

The chief priest stood up and said: “Far-li-mas has destroyed order at Naphta. Tonight, he will show whether this was God’s will.” …

Far-li-mas was called. Far-li-mas came. The king said: “Far-li-mas, the day has arrived when you must cheer me. Tell me a story.” …

…a very old camel driver called Arach ben Hassul, who carries in his heart the most wondrous legend of the past. The legend of Kasch or Napata. —Now you’re all ears, my friend, aren’t you? —It’s quite crazy! Served on a plate, in little more than half an hour, knowledge going back a thousand years! —

…and so, it happened that the camel driver Arach ben Hassul told the tale of the ruin of Kasch:  …This is the story of the ruin of the land of Kasch. Its last children live in the land of For.

Four meleks (kings) ruled the great realm —the first in Nubia, the second in Habesch, the third in Kordofan, and the fourth in For.

The wealthiest of these was the Nap of Naphta, in Kordofan. His capital lay in the direction of Hophrat-en-Nahas. The king owned all the gold and copper. His gold and copper were transported to Nubia, where the great kings of the west searched it out.  Ambassadors came over the sea from the east and, in the south, the king ruled many peoples, who forged iron weapons for him and sent slaves. Thousands of these lived at the Court of the Nap… the Nap of Naphta was the richest man on earth. But his life was shorter and sadder than that of all men…

¿por qué el arte conmueve?

Es más o menos sabido el disgusto de algunos sectores de la escena cultural posmoderna con el ‘posmodernismo’; muchos de sus detractores lo consideran jerigonza y otros se limitan a decir que es burgués, pretensioso e incomprensible. Habitan el ciberespacio excelentes ejemplos de crítica posmoderna -en el peor sentido que podemos dar al término- a la posmodernidad, usualmente vienen de filósofos ocupados de problemas “realmente importantes”, como la demarcación entre las ciencias y las pseudo-ciencias.

Como sea, les dejo un par de ideas de Anne Sauvagnargues a propósito de territorialidad y arte.

Dice Sauvagnargues que “el arte no es un rasgo antropomórfico, no es lo propio del hombre, sino que debe ser comprendido conforme la lección de Nietzsche, es decir, como fenómeno vital. Allí donde Nietzsche funda la creación en la potencia de la voluntad, Deleuze, lo mismo que Uexküll, Ruyer y Leroi-Gourhan, piensa el arte como agenciamiento territorial, algo que es propio, no de la vida, sino del animal que posee un territorio y una casa, es decir, que agencia materias expresivas en una operación vital tributaria de la territorialización.

El arte, así pensado, corresponde más a una afectología, ya que el afecto implica una signaléctica y una capacidad expresiva que modulan materiales y cualidades y los transforman de lo funcional a lo expresivo. Por eso, continúa Sauvagnargues siguiendo a Deleuze, el arte no es la expresión de lo vital, sino de la territorialización.

El territorio no es un espacio ya dado, un lugar, sino un acto de relación , la de una “distancia crítica entre dos seres de la misma especie” que sirve para “marcar sus distancias”. Así, el territorio no es un lugar, sino un acto que arranca del caos del mundo a fuerzas que él condensa y hace visibles. El medio no territorializado, señala Sauvagnargues, carece de existencia para cualquier viviente.

Aquí sigo yo: sin umbral, pues, no hay nada y el arte es intento de captura de las fuerzas que producen al umbral. Tal vez por esto es que el arte conmueve, porque nos relaciona con las fuerzas que hacen algo de la nada.

A partir de aquí, tal vez resulta más fácil entender a qué se refiere Meltzer con el lenguaje de los sueños. Él señala que este utiliza tanto una forma lingüística simbólica (lenguaje interno) como una forma plástica simbólica (imagen). El lenguaje interno consiste principalmente en gestos y sonidos (canto y danza), de manera parecida al primer lenguaje instintivo infantil que precede el desarrollo verbal del lenguaje para la comunicación con el mundo exterior. Es un lenguaje que frecuentemente expresa experiencias preverbales, las mismas evocadas por el arte, que el lenguaje verbal no es siempre capaz de expresar.

Rilke y la transitoriedad

En 1913 Freud se encontró con Rilke y la polémica (al menos en este blog) Lou Andreas-Salome. El tema, según Freud, fue sobre la transitoriedad y cómo Rilke parecía admirar la belleza de la naturaleza, pero no obtener placer de esta. Lehmann tiene un bonito artículo sobre el tema (Lehmann, H. (1966). A Conversation Between Freud and Rilke. Psychoanal. Q., 35:423-427).

Klage, otro de esos términos alemanes, es a la vez una queja, un pleito y una súplica. Es un lamento. De Rilke presento Lamento. Como siempre, advierto que cualquier falla en la traducción no es intencional.

KLAGE LAMENTO
O wie ist alles fern

und lange vergangen.

Ich glauben, der Stern,

von welchem ich Glanz empfangen,

ist seit Jahrtausenden tot.

¡Qué lejano está todo

y pasado hace tanto!

Yo creo que la estrella

cuyo fulgor recibo

ha muerto hace tiempo.

Ich glaube, im Boot,

das vorüber führ,

hörte ich etwas banges sagen.

Yo creo que en la barca

que ha pasado de largo,

algo temible oí.

Im Hause hat eine Uhr

geschlagen . . .

In welchem Haus? . . .

En la casa un reloj

recien latió…

¿en qué casa?

Ich möchte aus meinem Herzen hinaus

unter den großen Himmel treten.

Ich möchten beten.

Und einer von allen Sternen

müßte wirklich noch sein.

Quisiera desde mi corazón salir

hacia el gran cielo.

Quisiera rezar.

Pedir que entre tantas estrellas,

Muertas hace tiempo,

Alguna permanezca.

Ich glaube, ich wüßte,

welcher allein

gedauert hat,—

welcher wie eine weiße Stadt

am Ende des Strahls in den Himmeln steht . . .

Yo creo que sé

cuál de todas permanece…

Cuál de todas,

como una ciudad de luz blanca,

sigue de pie, al borde del cielo.

 

El Ser se dice de una sola manera

Hoy nos toca una escritura más psicoanalítica…

Dijo por ahí Jacques-Alain Miller que a Deleuze no le gustaba Heidegger y que hacía una sátira de él para morirse de la risa… no sé.

  • Deleuze contrapone a la analogía la repetición. Frente al pensamiento analógico, que es de gestos lentos y geografías sedentarias (para decirlo citando a José Luis Pardo), tenemos a la repetición, la univocidad y la diferencia. El lugarteniente del pensamiento analógico es la representación, mientras que la repetición es su opuesto.

La compulsión a la repetición es el empuje del Ser. Cito a Deleuze:

“La univocidad significa: lo que es unívoco es el ser mismo, lo que es equívoco es aquello de lo que se dice. Justo lo contrario de la analogía. El ser se dice según formas que no rompen la unidad de su sentido, se dice en un solo y mismo sentido a través de todas sus formas; de ahí que nos hayamos opuesto a las categorías de nociones de distinta naturaleza. Pero aquello de lo que se dice difiere, aquello de lo que se dice es la diferencia en sí misma. Lo que no es el ser análogo que se distribuye entre las categorías y reparte un lote fijo de sí entre los entes, sino que los entes se distribuyen en el espacio del ser unívoco abierto mediante la totalidad de las formas. La apertura pertenece esencialmente a la univocidad. A las distribuciones sedentarias de la analogía se oponen las distribuciones nómadas o las anarquías coronadas en lo unívoco”

  • Yo no sé si es esto a lo que se refería también Badiou como el clamor del Ser, creo que sí… se trata de un solo y mismo océano para todas las gotas, se trata de O. Si, Bion se refería a la pregunta por el Ser.

Miller discurre sobre la pregunta “¿Qué significa pensar?” y señala que, “siendo una pregunta filosófica, tiene, desde luego, mucho eco en la clínica”.

  • Mi versión de la respuesta de Bion va así:  una cosa es tener pensamientos y emociones y otra, bien distinta, es darse cuenta de estos pensamientos y emociones. Darse cuenta ES pensar, ¿lo ves?

Regresando a Miller, no recuerda que “Hay pensamientos que se acarician, hay pensamientos que se guardan para uno y para su analista, cuando se está en análisis y se es honesto, lo que no siempre es el caso. Me entero a veces que tal analizante se abstuvo durante tres años, a pedido de sus amigos, de decirme algo que tal vez me hubiese dolido, que se ocultaba un pequeño secreto de grupo que era mejor dejar de lado. Eso es malgastar un análisis… Pero, en fin, normalmente, hay pensamientos que uno conserva para sí y que solo comparte con su analista. Hay que compartir todo con su analista. Se comparte con él una parte de su fortuna, se comparte con él una parte de su vida, y en el orden del pensamiento, hay que compartir todo. Incluso cuando no está, se comparte. El analista es un espectro. Está presente en los pensamientos del analizante, lo sepa o no.”

  • Analogía y univocidad… no van.
  • Duns Scoto llegó a esto pensando en la posibilidad del conocimiento de Dios: no hay forma de conocerlo por analogía, sólo por univocidad. “Toda investigación sobre Dios supone entonces que el intelecto tenga el mismo concepto unívoco, que saca de las criaturas.”
  • Deleuze, tal vez pensando en esto, dirá -una y otra vez, por cierto-, MONISMO = PLURALISMO. Formalmente diverso, ontológicamente uno. (Otra vez Duns Scoto)

Bueno pues… dejemos este asunto abierto.

  • Otra vez Deleuze (este verso sólo hace sentido bien pronunciado): “Ninguna dimensión es el centro del tiempo, pero cada una vuelve en todas las demás, y a su vez las hace volver. Cada una es entonces una suerte de círculo, pero descentrado por relación a los demás y no coincidente consigo mismo en su retorno (puesto que vuelve en los otros). El círculo se repite deviniendo otros círculos: de uno a otro o a los otros corre la línea abstracta o línea de fuga, que no hace contorno sino que se enrolla desenrollándose de un círculo a otro.”

Ah no, esta entrada va sin conclusiones ni moraleja.