¿Qué es la complejidad? (1/?)

Recientemente hablé de teoría de la complejidad y despertó mucho interés, así que me he propuesto dedicar tiempo al asunto. En un sentido, el tema de este blog ha sido la complejidad: se trata de la aproximación polivalente e imprecisa al mundo, de la lógica difusa, de la tolerancia a la incertidumbre y al “no saber”. La complejidad se viste de poética, de ensoñación y de silencio.

Empezaré con las nociones básicas y de ahí nos iremos moviendo hacia terrenos sofisticados y sorprendentes. Me acompañaré de las ideas del entrañable maestro Rolando García para construir una plataforma de lanzamiento que nos llevará -con suerte- a otros lugares.

García, citando al francés Edgar Morin (a García no le encantaba Morín, pero igual la cita es buena), señala que:

La complejidad se impone de entrada como imposibilidad de simplificar; ella surge allí donde la unidad compleja produce sus emergencias, allí donde se pierden las distinciones y claridades en las identidades y causalidades, allí donde los desórdenes y las incertidumbres perturban los fenómenos, allí donde el sujeto-observador sorprende su propio rostro en el objeto de observación, allí donde las antinomias hacen divagar el curso del razonamiento.

La complejidad emerge como obscurecimiento, desorden, incertidumbre, antinomia (…) [y] fecunda un nuevo tipo de comprensión y de explicación que es el pensamiento complejo [el cual] se forja y se desarrolla en el movimiento mismo donde un nuevo saber sobre la organización y una nueva organización del saber se nutren mutuamente.

Y contrasta su posición sobre el tema:

En nuestra concepción de los sistemas complejos, lo que está en juego es la relación entre el objeto de estudio y las disciplinas a partir de las cuales realizamos el estudio. En dicha relación, la complejidad está asociada con la imposibilidad de considerar aspectos particulares de un fenómeno, proceso o situación a partir de una disciplina específica.

En otros términos, en el “mundo real”, las situaciones y los procesos no se presentan de manera que puedan ser clasificados por su correspondencia con alguna disciplina en particular. En ese sentido, podemos hablar de una realidad compleja. Un sistema complejo es una representación de un recorte de esa realidad, conceptualizado como una totalidad organizada (de ahí la denominación de sistema), en la cual los elementos no son “separables” y, por tanto, no pueden ser estudiados aisladamente.

Aunque estas dos caracterizaciones parecen distintas, podemos conectarlas si observamos que Morín resaltó algo importante acerca de los sistemas complejos, la emergencia.

Para entender mejor esto, consideremos que pensar un fenómeno físico es poder explicarlo (con una mejor o peor explicación) y, en los mejores casos, poder modelarlo (con modelos más o menos sofisticados), esto implica que cuando nosotros hablamos de un fenómeno físico lo hacemos “desde” el lugar de la explicación y la modelación. Así, un fenómeno puede ser desconocido, trivial, inexplicable o explicado (ojo, inexplicable no es sobrenatural, es inexplicable). En la explicación que uno da del mundo se juega todo lo que uno es (mentalmente, culturalmente, históricamente, etc.) Hablar del mundo es hablar desde la perspectiva de la explicación (nuestra explicación), de modo que las narrativas del mundo son explicaciones, aunque no lo parezcan.

Regresando a nuestro asunto, todo lo que decimos de un fenómeno es dicho desde el lugar de la explicación (en este sentido amplio que acabo de proponer) y para explicar nos valemos de todo tipo de artificios y marcos de referencia, que economizan las discusiones y permiten elaborar explicaciones que tienen la ventaja de ser acotadas y sofisticadas. Por ejemplo, cuando un científico da una explicación desde la “mecánica clásica”, ya nos avisó cómo se debe descodificar su narrativa (hacer caso omiso de esto podría ser un indicativo de ignorancia y necedad).

Dentro de nuestros artificios preferidos, aparece el concepto “sistema”, usamos ‘sistema’ para referirnos a fenómenos más o menos sofisticados, que nos interesa caracterizar. Ogata señala que un sistema es una combinación de componentes que actúan conjuntamente para alcanzar un objetivo específico y un componente es una unidad particular en su función en un sistema. De ninguna manera limitado a los sistemas físicos -continúa Ogata- el concepto de sistema se puede ampliar a fenómenos dinámicos abstractos, tales como los que se encuentran en la economía, el transporte, el crecimiento de la población y la biología. Un sistema se llama dinámico si su salida (la resultante de la interacción de los componentes) en el presente depende de una entrada en el pasado; si su salida en curso depende solamente de la entrada en curso, el sistema se conoce como estático.

Hay sistemas dinámicos que muestran comportamientos que no pueden explicarse a partir del análisis de sus componentes aislados, se trata de sistemas que “exhiben” propiedades nuevas (emergentes), que nos hacen suponer que hay interacciones “obscuras”, en el sentido que usa Edgar Morín. Las propiedades emergentes no pueden ser fácilmente modeladas ni explicadas. Además de las propiedades emergentes, un sistema complejo se nos presenta como conectado, interdependiente y adaptativo (iremos viendo).

Mientras que Morín se interesaba en la caracterización de un fenómeno etiquetado como sistema complejo, García se ocupó del cómo conocer al sistema complejo, señalando que requiere abordajes “especiales”, que incluyen la participación concertada de varias disciplinas. Me parece que no existe ninguna discrepancia entre ambos, solamente se aproximan al problema desde diferentes vértices epistemológicos.

Desde este lugar, el lector atrabancado podría juguetear con la idea de que la mente es un sistema complejo, pero nosotros pensamos que no: la mente es una propiedad emergente de un sistema complejo (cerebro-cuerpo-ambiente) y, si es que esta serie despierta interés, iremos dando forma a la argumentación que hará plausible a esta idea. Creo que esta generalización es lo que tenía en mente Donald Meltzer en un artículo muy hermoso (Sincerity: a study in the atmosphere of human relations), al que dedicaré próximamente un montón de trabajo.

Vamos con calma y pensemos, siguiendo un conocido ejemplo de Searle, en las moléculas de agua (H2O). La interacción de las moléculas en un estado de la materia específico (líquido) explica su liquidez (que el agua moje, para decirlo como de primaria), pero una molécula de agua no tiene tal cosa como liquidez, esta es el resultado de un fenómeno (agua en estado líquido) que puede modelarse como un sistema complejo. Algo similar ocurre con las neuronas y la mente, la interacción electroquímica de las neuronas produce una propiedad emergente llamada mente, pero las neuronas por separado no son mente.

Para decirlo claro, el cerebro NO es mente y la mente existe porque hay cerebro. Veremos más adelante que llevar esta idea hasta sus últimas consecuencias nos obliga a reconsiderar nuestra ontología y nuestra metapsicología.

¿por qué leer esta serie, se preguntará el lector?, bueno… igual se sorprenden…

Hasta la próxima.

¡Kasch, oh Kasch!

The chief priest stood up and said: “Far-li-mas has destroyed order at Naphta. Tonight, he will show whether this was God’s will.” …

Far-li-mas was called. Far-li-mas came. The king said: “Far-li-mas, the day has arrived when you must cheer me. Tell me a story.” …

…a very old camel driver called Arach ben Hassul, who carries in his heart the most wondrous legend of the past. The legend of Kasch or Napata. —Now you’re all ears, my friend, aren’t you? —It’s quite crazy! Served on a plate, in little more than half an hour, knowledge going back a thousand years! —

…and so, it happened that the camel driver Arach ben Hassul told the tale of the ruin of Kasch:  …This is the story of the ruin of the land of Kasch. Its last children live in the land of For.

Four meleks (kings) ruled the great realm —the first in Nubia, the second in Habesch, the third in Kordofan, and the fourth in For.

The wealthiest of these was the Nap of Naphta, in Kordofan. His capital lay in the direction of Hophrat-en-Nahas. The king owned all the gold and copper. His gold and copper were transported to Nubia, where the great kings of the west searched it out.  Ambassadors came over the sea from the east and, in the south, the king ruled many peoples, who forged iron weapons for him and sent slaves. Thousands of these lived at the Court of the Nap… the Nap of Naphta was the richest man on earth. But his life was shorter and sadder than that of all men…

¿por qué el arte conmueve?

Es más o menos sabido el disgusto de algunos sectores de la escena cultural posmoderna con el ‘posmodernismo’; muchos de sus detractores lo consideran jerigonza y otros se limitan a decir que es burgués, pretensioso e incomprensible. Habitan el ciberespacio excelentes ejemplos de crítica posmoderna -en el peor sentido que podemos dar al término- a la posmodernidad, usualmente vienen de filósofos ocupados de problemas “realmente importantes”, como la demarcación entre las ciencias y las pseudo-ciencias.

Como sea, les dejo un par de ideas de Anne Sauvagnargues a propósito de territorialidad y arte.

Dice Sauvagnargues que “el arte no es un rasgo antropomórfico, no es lo propio del hombre, sino que debe ser comprendido conforme la lección de Nietzsche, es decir, como fenómeno vital. Allí donde Nietzsche funda la creación en la potencia de la voluntad, Deleuze, lo mismo que Uexküll, Ruyer y Leroi-Gourhan, piensa el arte como agenciamiento territorial, algo que es propio, no de la vida, sino del animal que posee un territorio y una casa, es decir, que agencia materias expresivas en una operación vital tributaria de la territorialización.

El arte, así pensado, corresponde más a una afectología, ya que el afecto implica una signaléctica y una capacidad expresiva que modulan materiales y cualidades y los transforman de lo funcional a lo expresivo. Por eso, continúa Sauvagnargues siguiendo a Deleuze, el arte no es la expresión de lo vital, sino de la territorialización.

El territorio no es un espacio ya dado, un lugar, sino un acto de relación , la de una “distancia crítica entre dos seres de la misma especie” que sirve para “marcar sus distancias”. Así, el territorio no es un lugar, sino un acto que arranca del caos del mundo a fuerzas que él condensa y hace visibles. El medio no territorializado, señala Sauvagnargues, carece de existencia para cualquier viviente.

Aquí sigo yo: sin umbral, pues, no hay nada y el arte es intento de captura de las fuerzas que producen al umbral. Tal vez por esto es que el arte conmueve, porque nos relaciona con las fuerzas que hacen algo de la nada.

A partir de aquí, tal vez resulta más fácil entender a qué se refiere Meltzer con el lenguaje de los sueños. Él señala que este utiliza tanto una forma lingüística simbólica (lenguaje interno) como una forma plástica simbólica (imagen). El lenguaje interno consiste principalmente en gestos y sonidos (canto y danza), de manera parecida al primer lenguaje instintivo infantil que precede el desarrollo verbal del lenguaje para la comunicación con el mundo exterior. Es un lenguaje que frecuentemente expresa experiencias preverbales, las mismas evocadas por el arte, que el lenguaje verbal no es siempre capaz de expresar.

Rilke y la transitoriedad

En 1913 Freud se encontró con Rilke y la polémica (al menos en este blog) Lou Andreas-Salome. El tema, según Freud, fue sobre la transitoriedad y cómo Rilke parecía admirar la belleza de la naturaleza, pero no obtener placer de esta. Lehmann tiene un bonito artículo sobre el tema (Lehmann, H. (1966). A Conversation Between Freud and Rilke. Psychoanal. Q., 35:423-427).

Klage, otro de esos términos alemanes, es a la vez una queja, un pleito y una súplica. Es un lamento. De Rilke presento Lamento. Como siempre, advierto que cualquier falla en la traducción no es intencional.

KLAGE LAMENTO
O wie ist alles fern

und lange vergangen.

Ich glauben, der Stern,

von welchem ich Glanz empfangen,

ist seit Jahrtausenden tot.

¡Qué lejano está todo

y pasado hace tanto!

Yo creo que la estrella

cuyo fulgor recibo

ha muerto hace tiempo.

Ich glaube, im Boot,

das vorüber führ,

hörte ich etwas banges sagen.

Yo creo que en la barca

que ha pasado de largo,

algo temible oí.

Im Hause hat eine Uhr

geschlagen . . .

In welchem Haus? . . .

En la casa un reloj

recien latió…

¿en qué casa?

Ich möchte aus meinem Herzen hinaus

unter den großen Himmel treten.

Ich möchten beten.

Und einer von allen Sternen

müßte wirklich noch sein.

Quisiera desde mi corazón salir

hacia el gran cielo.

Quisiera rezar.

Pedir que entre tantas estrellas,

Muertas hace tiempo,

Alguna permanezca.

Ich glaube, ich wüßte,

welcher allein

gedauert hat,—

welcher wie eine weiße Stadt

am Ende des Strahls in den Himmeln steht . . .

Yo creo que sé

cuál de todas permanece…

Cuál de todas,

como una ciudad de luz blanca,

sigue de pie, al borde del cielo.

 

El Ser se dice de una sola manera

Hoy nos toca una escritura más psicoanalítica…

Dijo por ahí Jacques-Alain Miller que a Deleuze no le gustaba Heidegger y que hacía una sátira de él para morirse de la risa… no sé.

  • Deleuze contrapone a la analogía la repetición. Frente al pensamiento analógico, que es de gestos lentos y geografías sedentarias (para decirlo citando a José Luis Pardo), tenemos a la repetición, la univocidad y la diferencia. El lugarteniente del pensamiento analógico es la representación, mientras que la repetición es su opuesto.

La compulsión a la repetición es el empuje del Ser. Cito a Deleuze:

“La univocidad significa: lo que es unívoco es el ser mismo, lo que es equívoco es aquello de lo que se dice. Justo lo contrario de la analogía. El ser se dice según formas que no rompen la unidad de su sentido, se dice en un solo y mismo sentido a través de todas sus formas; de ahí que nos hayamos opuesto a las categorías de nociones de distinta naturaleza. Pero aquello de lo que se dice difiere, aquello de lo que se dice es la diferencia en sí misma. Lo que no es el ser análogo que se distribuye entre las categorías y reparte un lote fijo de sí entre los entes, sino que los entes se distribuyen en el espacio del ser unívoco abierto mediante la totalidad de las formas. La apertura pertenece esencialmente a la univocidad. A las distribuciones sedentarias de la analogía se oponen las distribuciones nómadas o las anarquías coronadas en lo unívoco”

  • Yo no sé si es esto a lo que se refería también Badiou como el clamor del Ser, creo que sí… se trata de un solo y mismo océano para todas las gotas, se trata de O. Si, Bion se refería a la pregunta por el Ser.

Miller discurre sobre la pregunta “¿Qué significa pensar?” y señala que, “siendo una pregunta filosófica, tiene, desde luego, mucho eco en la clínica”.

  • Mi versión de la respuesta de Bion va así:  una cosa es tener pensamientos y emociones y otra, bien distinta, es darse cuenta de estos pensamientos y emociones. Darse cuenta ES pensar, ¿lo ves?

Regresando a Miller, no recuerda que “Hay pensamientos que se acarician, hay pensamientos que se guardan para uno y para su analista, cuando se está en análisis y se es honesto, lo que no siempre es el caso. Me entero a veces que tal analizante se abstuvo durante tres años, a pedido de sus amigos, de decirme algo que tal vez me hubiese dolido, que se ocultaba un pequeño secreto de grupo que era mejor dejar de lado. Eso es malgastar un análisis… Pero, en fin, normalmente, hay pensamientos que uno conserva para sí y que solo comparte con su analista. Hay que compartir todo con su analista. Se comparte con él una parte de su fortuna, se comparte con él una parte de su vida, y en el orden del pensamiento, hay que compartir todo. Incluso cuando no está, se comparte. El analista es un espectro. Está presente en los pensamientos del analizante, lo sepa o no.”

  • Analogía y univocidad… no van.
  • Duns Scoto llegó a esto pensando en la posibilidad del conocimiento de Dios: no hay forma de conocerlo por analogía, sólo por univocidad. “Toda investigación sobre Dios supone entonces que el intelecto tenga el mismo concepto unívoco, que saca de las criaturas.”
  • Deleuze, tal vez pensando en esto, dirá -una y otra vez, por cierto-, MONISMO = PLURALISMO. Formalmente diverso, ontológicamente uno. (Otra vez Duns Scoto)

Bueno pues… dejemos este asunto abierto.

  • Otra vez Deleuze (este verso sólo hace sentido bien pronunciado): “Ninguna dimensión es el centro del tiempo, pero cada una vuelve en todas las demás, y a su vez las hace volver. Cada una es entonces una suerte de círculo, pero descentrado por relación a los demás y no coincidente consigo mismo en su retorno (puesto que vuelve en los otros). El círculo se repite deviniendo otros círculos: de uno a otro o a los otros corre la línea abstracta o línea de fuga, que no hace contorno sino que se enrolla desenrollándose de un círculo a otro.”

Ah no, esta entrada va sin conclusiones ni moraleja.

Mi empresa no es difícil, esencialmente.

Hagamos una deconstrucción -creo- de un fragmento de Pierre Menard, autor del Quijote, de Borges. Conviene hacer tres aclaraciones impertinentes (te las puedes brincar):

  1. Gödel y Tarski probaron que no todo enunciado verdadero es demostrable (bueno, esto ya lo venían diciendo desde la Edad media) y que no todo lo irrefutable es verdadero (esto nadie lo quiere decir).
  2. Paul Cohen descubre (este es un asunto bien serio de ontología… ¿descubre o construye?) un método (Forcing) que permite construir distintos modelos de una teoría (van Fraassen “seguro” que lo leyó). El método Forcing permite crear mundos en los que suceden cosas sorprendentes (mundos posibles)
  3. Según el lema Borell-Cantelli, un solo mono inmortal que ejecutase infinitamente tecleos sobre una máquina de escribir casi seguramente (esta es una convergencia a una variable límite, no es un modo de hablar, ¿eh?) podría escribir cualquier texto dado, además, el texto sería producido un infinito número de veces.

Bueno, a lo que vamos (este es el texto de Borges reacomodado) …

[después de enumerar] la obra visible de Menard, en su orden cronológico. Paso ahora a la otra: la subterránea, la interminablemente heroica, la impar. También ¡ay de las posibilidades del hombre!, la inconclusa. Esa obra, tal vez la más significativa de nuestro tiempo, consta de los capítulos noveno y trigésimo octavo de la primera parte del Don Quijote y de un fragmento del capítulo veintidós. Yo sé que tal afirmación parece un dislate; justificar ese «dislate» es el objeto primordial de esta nota.

Quienes han insinuado que Menard dedicó su vida a escribir un Quijote contemporáneo, calumnian su clara memoria. No quería componer otro Quijote —lo cual es fácil— sino «el» Quijote. Inútil agregar que no encaró nunca una transcripción mecánica del original; no se proponía copiarlo. Su admirable ambición era producir unas páginas que coincidieran —palabra por palabra y línea por línea— con las de Miguel de Cervantes.

30 de septiembre de 1934, Bayonne. Escribe Pierre Menard:

Mi propósito es meramente asombroso… el término final de una demostración teológica o metafísica —el mundo externo, Dios, la causalidad, las formas universales— no es menos anterior y común que mi divulgada novela. La sola diferencia es que los filósofos publican en agradables volúmenes las etapas intermediarias de su labor y que yo he resuelto perderlas…

En efecto, no queda un solo borrador que atestigüe ese trabajo de años.

El método inicial que imaginó era relativamente sencillo: conocer bien el español, recuperar la fe católica, guerrear contra los moros o contra el turco, olvidar la historia de Europa entre los años de 1602 y de 1918, ser Miguel de Cervantes. Pierre Menard estudió ese procedimiento (sé que logró un manejo bastante fiel del español del siglo XVII) pero lo descartó por fácil.

–      ¡Más bien por imposible!

De acuerdo, pero la empresa era de antemano imposible y de todos los medios imposibles para llevarla a término, éste era el menos interesante. Ser en el siglo XX un novelista popular del siglo XVII le pareció una disminución. Ser, de alguna manera, Cervantes y llegar al Quijote le pareció menos arduo —por consiguiente, menos interesante— que seguir siendo Pierre Menard y llegar al Quijote, a través de las experiencias de Pierre Menard. (Esa convicción, dicho sea de paso, le hizo excluir el prólogo autobiográfico de la segunda parte del Don Quijote. Incluir ese prólogo hubiera sido crear otro personaje —Cervantes— pero también hubiera significado presentar el Quijote en función de ese personaje y no de Menard. Éste, naturalmente, se negó a esa facilidad.)

Mi empresa no es difícil, esencialmente. Me bastaría ser inmortal para llevarla a cabo.

Billy Budd: el lado absurdo de la bondad

¡Maldición!, decidí leer Billy Budd, de Herman Melville y, por supuesto, me arruinó el sueño. Al fin de la noche uno acaba con la sensación de que Billy intenta un motín, y sólo uno: el de nuestra consciencia.

La bondad es tartamuda: hay que escucharle sin prisas y a sabiendas de que, prisionera del mundo y atacada por la maldad, no alcanzará a articular su defensa. Como Billy, la bondad es víctima de la crueldad, que le priva de todo y que usa sus mejores cualidades en su contra.

Les dejo unos fragmentos que, en mi opinión, muestran el argumento de la terriblemente maravillosa novela:

‘Beg pardon, but you don’t understand, Lieutenant. See here now. Before I shipped that young fellow, my forecastle was a rat-pit of quarrels. It was black times, I tell you, aboard the Rights here. I was worried to that degree my pipe had no comfort for me. But Billy came; and it was like a Catholic priest striking peace in an Irish shindy. Not that he preached to them or said or did anything in particular; but a virtue went out of him, sugaring the sour ones. They took to him like hornets to treacle; all but the bluffer of the gang, the big, shaggy chap with the fire-red whiskers. He indeed, out of envy, perhaps, of the newcomer, and thinking such a “sweet and pleasant fellow,” as he mockingly designated him to the others, could hardly have the spirit of a game-cock, must needs bestir himself in trying to get up an ugly row with him. Billy forbore with him, and reassured with him in a pleasant way—he is something like myself, Lieutenant, to whom aught like a quarrel is hateful—but nothing served.

 

… What was the matter with the master-at-arms? And be the matter what it might, how could it have direct relation to Billy Budd, with whom prior to the affair of the spilled soup he had never come into any special contact, official or otherwise? What indeed could the trouble have to do with one so little inclined to give offense as the merchant ship’s peacemaker, even him who in Claggart’s own phrase was ‘the sweet and pleasant young fellow’? Yes, why should Jemmy Legs, to borrow the Dansker’s expression, be down on the Handsome Sailor?

 

But, at heart and not for nothing, as the late chance encounter may indicate to the discerning, down on him, secretly down on him, he assuredly was.

 

… But the thing which in eminent instances signalizes so exceptional a nature is this: though the man’s even temper and discreet bearing would seem to intimate a mind peculiarly subject to the law of reason, not the less in his soul’s recesses he would seem to riot in complete exemption from that law, having apparently little to do with reason further than to employ it as an ambidexter implement for effecting the irrational. That is to say: toward the accomplishment of an aim which in wantonness of malignity would seem to partake of the insane, he will direct a cool judgment sagacious and sound.

 

These men are true madmen, and of the most dangerous sort, for their lunacy is not continuous, but occasional; evoked by some special object; it is secretive and self-contained, so that when most active it is to the average mind not distinguished from sanity, and for the reason above suggested that whatever its aim may be, and the aim is never disclosed, the method and the outward proceeding is always perfectly rational.

 

… That Claggart’s figure was not amiss, and his face, save the chin, well molded, has already been said. Of these favorable points, he seemed not insensible, for he was not only neat but careful in his dress. But the form of Billy Budd was heroic; and if his face was without the intellectual look of the pallid Claggart’s, not the less was it lit, like his, from within, though from a different source. The bonfire in his heart made luminous the rose-tan in his cheek.

 

In view of the marked contrast between the persons of the twain, it is more than probable that when the master-at-arms in the scene last given applied to the sailor the proverb ‘Handsome is as handsome does,’ he there let escape an ironic inkling, not caught by the young sailors who heard it, as to what it was that had first moved him against Billy, namely, his significant personal beauty.

 

Now envy and antipathy, passions irreconcilable in reason, nevertheless, in fact, may spring conjoined like Chang and Eng in one birth. Is envy then such a monster? Well, though many an arraigned mortal has in hopes of mitigated penalty pleaded guilty to horrible actions, did ever anybody seriously confess to envy? Something there is in it universally felt to be more shameful than even felonious crime. And not only does everybody disown it, but the better sort are inclined to incredulity when it is in earnest imputed to an intelligent man. But since its lodgment is in the heart, not the brain, no degree of intellect supplies a guarantee against it.

Perversiones y narrativas paralelas (3 de 3)

Aquí la tercera entrega de la charla que presenté en una de las mesas del LX congreso de la Asociación Psicoanalítica Mexicana. Hemos caminado a partir de una aproximación desde la literatura y la filosofía hacia una breve revisión técnica y ahora terminaremos con un ejemplo clínico

  1. es una abogada de 42 años, madre amorosa, hija “buena” y presidenta de la asociación de padres de familia de la escuela de sus hijos. M. se ha realizado 6 cirugías plásticas modificando considerablemente su aspecto de modo que las personas que la conocieron y ya no la frecuentan no la reconocen y las personas que recién la ven piensan que tiene unos 30 años. M. es una especialista en derecho penal que, dice, puede lograr grandes beneficios para sus clientes; básicamente su ejecución profesional consiste en esconder pruebas contrarias a los intereses de sus clientes y fabricar las pruebas convenientes para sus casos.

M: ¿Te acuerdas de estos cuates de los que te hablé? Les pedí 400 mil para su asunto y ya quedó. La verdad es que ese dinero lo quería para devolverle un préstamo a otro cliente, pero pues ellos no saben y se lo merecen por tontos. La semana pasada me presentaron al papá de otro cliente y me pidió soporte documental de su arreglo. Yo me enojé mucho, qué güey, ¿acaso no sabe con quién habla? Le grité hasta que me aburrí y yo sólo veía cómo el viejito se asustaba. Al final me dio flojera y le dije que se fuera, durante todo el tiempo que le gritaba lo veía ahí, nomás paradito con su hijo al lado, impotente el güey, porque sabe que tiene que hacer lo que le digo. El chavo está guapo, si se deja me lo llevo a cenar, de todos modos, tiene cara de que su esposa es aburrida.

M: Te pagaría el triple para que canceles tu otro compromiso, pero bueno, tú no entiendes porque tu trabajo es de bajo perfil, pero las personas productivas trabajamos por la mañana. Así que gracias por tratar de conservarme como cliente, pero mejor le dejamos aquí… Además, te voy a decir que esto de la terapia a mí no me aporta nada. Yo soy una mujer de acción, hago que las cosas sucedan y no me ando con “chaquetas mentales”. Ahora que ya no soy tu cliente ¿me vas a aceptar una buena cena?, te llevo donde quieras y verás que te la vas a pasar muy bien.

Perversiones y narrativas paralelas (2 de 3)

Aquí la segunda entrega de la charla que presenté en una de las mesas del LX congreso de la Asociación Psicoanalítica Mexicana. El contenido es un poco más técnico que el de la entrega anterior. En la última entrega presento un fragmento de narrativa en consultorio

II

Continuando nuestra hoja de ruta, demos una vuelta de tuerca a nuestros objetos de reflexión: la narrativa y la perversión.

Donald Spence, en su trabajo seminal acerca de la verdad narrativa y la verdad histórica, señala  que la atención a la narración juega un papel importante no sólo en lo que tratamos de escuchar, sino en lo que el paciente trata de asociar. Si bien las ideas de Spence han sido revisadas y reformuladas por otros y en muchos ámbitos, el papel relevante que él dio a la narrativa no se perdió; así, Rosenwald y Ochberg, a propósito de las narrativas, señalan  que las historias personales no solamente son una manera de decirle a alguien (o decirse a sí mismo) nuestra vida, sino que son modos para moldear nuestra identidad.

Es su poder formativo -y en ocasiones deformativo- lo que hace tan importantes a las narrativas.

Wrye y Churilla, desde otra perspectiva psicoanalítica, proponen  que el proceso de formación de narrativas es central a la vida humana y al cambio terapéutico y Julia Kristeva ha señalado  algo similar al referirse a la narrativa freudiana y su impacto en las mujeres psicoanalistas.

Desde una vena intersubjetiva, Josephs  propone que la misma contratransferencia debe ser entendida en función de las narrativas subjetivas del analista y advierte del peligro de caer en un realismo inocente en caso de no considerar nuestras propias narrativas al registrar nuestra contratransferencia.

Por otro lado, y acerca de nuestro entendimiento de la mente perversa, Grinberg, a propósito de los Estados sexuales de la mente  de Meltzer, señala que el punto nodal de la mente perversa es una organización narcisista infantil que promueve un sometimiento del otro a partir de atribuirle una actitud pasiva de abandono y entrega. Desde este vértice psicoanalítico, el perverso opera pensando que se puede pervertirlo todo, a partir de una actividad agresiva y activamente destructiva.

Meltzer sugiere que en la mente existe un representante de la alteridad y que esto es precisamente lo que niega y ataca el perverso y en su discusión de la génesis de este aspecto de la mente, nos hace notar una paradoja fundamental de la vida humana: se trata de la relación del yo y del no-yo en la misma mente. Según entendemos a Meltzer, de la relación entre el yo y el representante de la alteridad en nuestra mente, podremos o no reconocer al otro y aceptar el dolor de la dependencia y de la inspiración que el otro es para nosotros.

Cuando nuestra mente no soporta el dolor que produce la relación con la alteridad, al otro no se le puede reconocer: se le cosifica y se le reduce a un insumo o una herramienta. Podemos leer a Bach desde aquí: la perversión tiene que ver con no poder enfrentar la paradoja de la alteridad (el otro en mi), porque un funcionamiento perverso no está dispuesto a considerar al otro.

Meltzer señala que el proceso de “precipitación” de la alteridad en nuestra mente nos arroja a esa última figura de la serie que empezó con el reconocimiento de nuestros padres, la muerte. Aquí, nuevamente, podemos pensar las reflexiones de Bach desde Meltzer: ¿cómo podemos aceptar nuestra muerte sino aceptamos nuestra dependencia?

Nos parece, entonces, que hay una “lógica perversa” que, influida por la envidia y buscando evitar el dolor que provoca reconocer la dependencia del otro y la inspiración por el otro, despoja de vida a los demás, convirtiéndolos, para usar las palabras del filósofo Martin Buber , no en un Tú, sino en un Eso. En este orden de ideas, la mente perversa rechaza a alteridad, que es un objeto vivo e inspirador.

Así, es plausible pensar que lo que muestra la narrativa perversa es a un sujeto del discurso que, desde la omnipotencia, no entiende puntos de vista diferentes al suyo, que no perdona y que no se sacrifica ni valora el sacrificio, se trata de  alguien que activamente revertirá cualquier cualidad buena del objeto (ya sea una pareja, una institución, un vínculo, etc.) para convertirla en su antinomia y que, en su discurso, comunicará en modos más o menos claros esta agenda. Meltzer ejemplifica claramente: el ataque perverso le llama candor al beneficio de la duda, debilidad al perdón y estupidez a la disposición al sacrificio.

El quid de la narrativa perversa, y este sería el punto al que conviene dirigir la mirada según nuestra propuesta, es la concepción del otro como algo que no está vivo, que no es confiable ni inspirador.

Siguiendo a Meltzer y Green, identificamos a la indolencia, la sensualidad, la claustrofobia y la desesperación como elementos presentes en las narrativas perversas.

III

Jiménez  hace una reflexión interesante alrededor de las perversiones y la intersubjetividad y para esto parte de definir la realidad intersubjetiva: siguiendo a Wallerstein, señala que la prueba de realidad propuesta por Freud (entre ideas y percepciones) puede extenderse para identificar entre elementos objetivos y subjetivos en nuestro juicio de realidad. Los elementos objetivos, continúa Jiménez, se refieren al mundo de objetos, mientras que los elementos subjetivos se refieren a nuestro mundo experiencial. El autor está consciente de los problemas epistemológicos que se enfrentan al oponer realidad psíquica y realidad material y propone que una manera de evitar esto es empleando el concepto de realidad intersubjetiva, que él define como la porción de nuestros mundos materiales y experienciales que comparten otras personas.  El autor, enfocándose en el analista, reflexiona que cuando éste trata de ponerse en contacto con la mente del perverso, una y otra vez acabará atrapado en una relación dual: por un lado, el perverso opera en el mismo mundo que el analista y por el otro, simultáneamente, el perverso parece habitar un mundo idiosincrático, una pseudo-realidad, un mundo delirante donde la realidad de la castración, la experiencia de las diferencias entre los seres humanos y la diversidad del mundo no existen. Para nosotros, siguiendo a Jimenez, el mundo de los perversos es experiencialmente inaccesible y se cristaliza en la mente del analista como el secreto que el paciente guarda celosamente.

Nuestra lectura de Jiménez nos lleva a pensar que una persona que se muestra predominantemente neurótica puede estar, al mismo tiempo, sosteniendo narrativas perversas del mundo y habrá condiciones bajo las que podría dirigir su atención hacia una u otra narrativa.

Perversiones y narrativas paralelas (1 de 3)

Les incluyo en tres entregas la charla que presenté en una de las mesas de este fin de semana del LX congreso de la Asociación Psicoanalítica Mexicana. Muchas gracias a los organizadores por su generosidad y apertura y a mis compañeros del panel por compartir sus ideas.

Esta primera entrega incluye una visión general desde la literatura y la filosofía, la segunda entrega es un poco más técnica y la tercera incluye un fragmento de una sesión.

Nuestra ruta inicia en la literatura y la historia y, desde ahí, propondremos una caracterización provisional de “lo perverso”; después reseñaremos brevemente el papel que juegan las narrativas en nuestra identidad y en el trabajo clínico y, a partir de eso, presentaremos material de sesión visto como narrativa. Conviene, primeramente, caracterizar nuestros objetos de reflexión: la narrativa y lo perverso.

I

Las historias que nos contamos y les contamos a los demás son el medio principal por el que nos conocemos. Las narraciones se filtran en toda nuestra vida al punto que la vida mental no solamente está ligada a las narrativas personales, sino que está consumida por estas. No decimos que las narrativas y la mente sean la misma cosa, porque claramente no lo son, pero si pensamos que existe una relación compleja e importante entre nuestra mente y nuestras narrativas del mundo. A partir de esta noción, proponemos que es plausible:

  • Considerar a los hechos semióticos (en el sentido que les da Lotman, es decir, cualquier cosa susceptible de recibir un sentido) también como narrativas que pueden ser, a la vez, característica y reflejo de ciertas organizaciones mentales más o menos estables.
  • Considerar la idea muy general de que en la mente se sostienen narrativas inconmensurables (en el sentido de Kuhn y Feyerabend) que pueden ser vistas como reflejo de diferentes aspectos de la mente, modos de funcionamiento o de relación.

Así, definimos para nuestros fines el término ‘narrativa’ como una manera de entender al mundo, es decir, como una teoría del mundo, y pensamos que esta narrativa es más que ideas, imágenes, deseos, afectos y fantasías, se trata de un sistema que integra elementos externos al sujeto y, a la vez, es fruto de su dinámica interna. En este sentido, una narrativa:

  • Configura un modo de estar en el mundo, es decir, de escuchar, mirar y sentir y,
  • Direcciona al mundo, es decir, lo hace un mundo posible.

Desde este vértice, la mente codifica al mundo en muchas narrativas paralelas y entre más rica es nuestra experiencia y nuestro mundo interno más narrativas podemos codificar y en este sentido la mente es un multiverso, que contiene infinitos puntos de fuga e infinitos puntos de anclaje.

Por otra parte, una primera aproximación al término perverso se nos da atendiendo a la etimología de la palabra: perverso, del latín perversus, está compuesta por el prefijo acusativo per-que significa al mismo tiempo moverse de un lado al otro y moverse por completo y versus palabra que deriva del verbo vertere, que traducimos como dar vuelta. Así, lo perverso es aquello que da vuelta por completo, es decir, que invierte el sentido original de las cosas. Lo perverso, etimológicamente, es algo “totalmente opuesto” a lo que es el caso. Pervertir, en este sentido, es invertir, trastornar, voltear.

Armados con estas premisas, consideremos la sentencia bíblica (Gen 4, 8-12):

Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.

Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano?

Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?

Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.

Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.

Caín, aquel célebre fratricida, se ha convertido en el prototipo universal de la maldad, la envidia, la traición y la mentira. Prototipo que vemos, una y otra vez, en la literatura, la historia, la filosofía y la clínica.

Recordemos algunos dichos de Hamlet, sobrino del infame Claudio:

A Ofelia:

 … ¿Es que deseas ser madre y dar al mundo más pecadores de los que ya hay? No soy peor que la mayoría de los hombres, pero ¡ojalá hubiese muerto en el vientre de mi madre! Soy orgulloso, vengativo, ambicioso y despreciable. Pero ¿qué quieres que haga cuando me arrastro como un gusano entre la tierra y el cielo? Los hombres somos todos unos miserables. No pongas tu fe en ninguno de nosotros…

…Y no pienses que me engañas con tus afeites y acicaladuras. Dios te da un rostro y tú te pones otro…

 Acerca de Claudio:

[Él] Cometió pecado mortal asesinando a mi padre. Luego, perpetró tantas ofensas contra la Religión como flores hay en el mes de mayo. Nadie, excepto Dios, conoce el verdadero estado de su alma; pero sus muchos pecados me hacen pensar que la balanza se ha inclinado en su contra…

 Acerca de su madre:

… ¡En menos de un mes! Antes de que se le pudieran manchar los zapatos que se puso para el funeral, cuando toda llorosa… ¡Dios! Un animal irracional hubiera llorado su muerte durante más tiempo ¡Y con mi tío! ¡Casada con el hermano de mi padre! … aunque se parece tanto a mi padre como yo a un dios del Olimpo… En menos de un mes… sin tiempo de que se le secaran las simuladas lágrimas… vuelve a casarse… y a meterse con prontitud… en una cama incestuosa.

Kait (2017), a propósito de la obra de Shakespeare, resalta el diseño de personajes viles, crueles y perversos; verdaderas superestrellas del odio y la malignidad:

  • Yago, envidioso de que su señor, tan negro, sea amado por una bella y deseable mujer, sirviente aplicado en la calumnia hasta incendiar los celos de su amo quien terminará matando a Desdémona, objeto de su amor.
  • Ricardo III, usurpador del trono y asesino de sus niños-sobrinos, los auténticos herederos.
  • Edmundo, hijo envidioso y bastardo de Rey Lear, portador, también, de sus propias maldades como dos de sus interesadas y desamoradas hijas.
  • Macbeth, otro usurpador, asesino instigado por su famosa lady de sangrantes manos, a matar sin pausa para conservar el poder.
  • El odio de Montescos y Capuletos, heraldo de la tragedia.
  • Hasta en Sueño de una Noche de Verano nos encontramos con Oberón, el manipulador rey de las hadas.

Así, el Caín de Shakespeare es un hombre hundido en el deseo del poder, consumido por la envidia y portador de la muerte.

Al lado de la literatura, la historia está llena de relatos de poder y muerte: el genocidio del Peloponeso, la destrucción de los Madianitas en épocas bíblicas, las guerras Púnicas, la segunda cruzada: el terriblemente célebre genocidio Cátaro; los genocidios de Gengis Kan, la destrucción de los asirios en el siglo XIV… la lista parece interminable.

Los filósofos, por su parte, han conectado el odio y la muerte con la sexualidad. Solomon (1974), basado en la discusión de Sartre sobre acto sexual en El Ser y la nada y en el trabajo de Nagel (1969) sobre la Perversión sexual, señala que lo que siempre está en juego en el deseo sexual y las relaciones sexuales es una búsqueda y competencia de los sujetos por la libertad, el reconocimiento, y el poder… libertad, reconocimiento y poder de someter.

Uno, nos dice el autor, generalmente intenta obtener el reconocimiento del otro sobre la propia libertad para someterlo. En el sexo el sometimiento del otro normalmente toma la forma de atrapar su carne, reduciendo el otro a la carne, a un mero objeto; los medios que uno emplea con el fin de lograr esta reducción del otro son la propia carne. El otro, por supuesto, tiene el mismo proyecto; así que el encuentro sexual, para Solomon, está construido como la comunicación interpersonal con el cuerpo como el medio y el sometimiento mutuo como el mensaje.

El Caín de Solomon usa su cuerpo para someter y degradar al otro.

Sheldon Bach, que conecta (1994) psicoanálisis, antropología y filosofía, reflexiona sobre la verdad histórica de la muerte y del poder y señala que, desde la guerra de Troya y hasta los campos de concentración del siglo XX, si algo debe quedarnos claro (como aprendizaje histórico, al menos) es que el hombre posee y muchas veces usa el potencial para tratar a otros seres humanos como cosas, al punto de reducirlos a cuerpos.

Bach, el psicoanalista, denomina a este uso de las personas como una perversión de las relaciones de objeto. Entendemos que la perversión, en el sentido que la usa Bach, es la falta de capacidad para amar a un objeto completo. El autor nos propone que hay una organización del pensamiento que es característica de las personas que tratan a los otros como si fueran objetos parciales y piensa que son intentos muy rudimentarios de resolver o defenderse de las paradojas centrales de la vida humana: nacer de nuestra madre y ser separados de ella, vivir nuestra vida y poder “contemplarla desde afuera”, lidiar con sentimientos a la vez “masculinos y femeninos” o de “niño” y de “adulto” o bien, cómo negociar entre el mundo interno y el estímulo externo y cómo entender a la alteridad.

Según el autor estas paradojas encuentran soluciones muy distintas en el neurótico y en el perverso ya que el “espacio psíquico” del perverso no le permite reconocer la realidad y la legitimidad de distintos puntos de vista (vértices, en el sentido de Bion), por lo que tiende a pensar en dicotomías y a buscar relaciones amo/esclavo. A partir de esta idea y en consonancia con la lectura de Hegel que propone Kojève (2008), Bach afirma que la omnipotencia es un componente fundamental en todas las perversiones.

La omnipotencia del perverso -señala Bach- es particularmente intensa frente a la muerte, ya que la muerte es el “nivelador fatal” para todos los seres humanos. El perverso vive a la muerte como una humillación, ya que no tolera:

  • Verse como una más entre tantas personas
  • Pensar que va a desaparecer, que un día él no será más.

Bach nos propone que lo perverso tiene que ver con el trato de las personas como objetos, con la falta de amor, con la incapacidad de tolerar puntos de vista diferentes al nuestro y con la negación omnipotente de la alteridad y la muerte.

En nuestra lectura el autor considera implícitamente la relación entre la perversión y la existencia (en un sentido filosófico) y vale la pena ver esto más de cerca: los filósofos existencialistas, particularmente Heidegger y también Jaspers, a su manera, nos han dicho que el hombre “existe” en el mundo y que existencia nunca es objeto. La existencia es aquello a partir de lo cual nosotros pensamos, y sobre lo que pensamos, no porque conocemos la experiencia, sino porque la vivimos. Existir es vivir en la historia y no olvidar que nosotros y los demás tenemos pasado y futuro, es decir, trascendemos (uno de los sentidos del Dasein de Heidegger). En este orden de ideas, el perverso niega la existencia del otro.

Meltzer (2008), en el capítulo del Claustrum dedicado a la perversión, y a propósito del patrón de comportamiento perverso, señala que:

En su esencia, quizá se lo pueda definir como frío antes que como cruel. El Satán de Milton es caliente: envidia y admira apasionadamente. La serpiente es fría, astuta, calculadora… Visto desde este vértice adicional del Claustrum, se hace manifiesto que en el centro de una adicción o de una fantasía o relación perversa, la persona en cuestión no es él mismo: está “detrás de sí mismo”, con excitación, confusión respecto de la naturaleza del mundo, y profundamente escéptico acerca de la identidad de cualquier cómplice-en-el-crimen. Tal vez el extraordinario poder evocativo de la crucifixión, dejando de lado su significado espiritual, es el crimen de matar al niño bueno -a los padres del nuevo niño y a la parte infantil de la persona misma-.

El perverso de Meltzer parece un impostor que niega la alegría de vivir y la esperanza.  Incapaz de reconocer la belleza del mundo es un sujeto frío y calculador.

Sumariando lo anterior, proponemos pensar lo perverso como:

  1. Orientado al poder y al control, secuestrador de la relación sexual, que usa al cuerpo para la afirmación exclusiva de la propia libertad y el sometimiento del otro.
  2. Incapaz de tolerar un punto de vista distinto al suyo, que busca la degradación del otro a un mero objeto.
  3. Aterrorizado por la muerte, su motor es el odio y sus monedas de cambio son la desesperanza y el desprecio por la belleza del mundo.
  4. Incapaz de crecer, aprender o inspirarse.
  5. Niega a los demás su existencia, ya que para él son objetos, sin pasado y sin futuro.
  6. Vive agazapado, jugando un juego de recelos en los que lo inocente siempre saldrá apaleado.

En la clínica nos encontramos casos que a simple vista muestran un funcionamiento más o menos neurótico y, a la vez, despliegan narrativas o conductas privadas que podrían ser consideradas, bajo nuestra propuesta de caracterización, como perversas:

  • La mujer de clase media que deja a su esposo para vivir con un hombre que le pega y la trata con todo tipo de violencia y que, después de abandonarlo, le manda videos de algunos de los actos degradantes en los que se involucra con su nueva pareja, todo esto mientras mantiene una vida “normal” de maestra de secundaria.
  • El hombre que, a punto de jubilarse, acusa falsamente a sus empleadores con las autoridades y provoca un lío delicado para ellos, mientras que es un padre y esposo amoroso.
  • El sacerdote que lucha por ayudar a su comunidad a salir de la pobreza extrema, mientras fantasea con abusar de niños entre los 6 y los 9 años.
  • El niño de diez años que llega a terapia porque quiere “ser bueno” y en el juego despliega escenarios de violación y asesinato de todas las mujeres y dice que piensa que lastimarlas se siente rico.

Así, proponemos la idea de que en la mente coexisten narrativas paralelas sobre el mundo que enlazan funcionamientos predominantemente neuróticos con funcionamientos perversos. El efecto de estas conjunciones es un discurso en el que pueden identificarse, en planos narrativos superpuestos, escenarios perversos entrelazados con escenarios neuróticos.