Rilke y la transitoriedad

En 1913 Freud se encontró con Rilke y la polémica (al menos en este blog) Lou Andreas-Salome. El tema, según Freud, fue sobre la transitoriedad y cómo Rilke parecía admirar la belleza de la naturaleza, pero no obtener placer de esta. Lehmann tiene un bonito artículo sobre el tema (Lehmann, H. (1966). A Conversation Between Freud and Rilke. Psychoanal. Q., 35:423-427).

Klage, otro de esos términos alemanes, es a la vez una queja, un pleito y una súplica. Es un lamento. De Rilke presento Lamento. Como siempre, advierto que cualquier falla en la traducción no es intencional.

KLAGE LAMENTO
O wie ist alles fern

und lange vergangen.

Ich glauben, der Stern,

von welchem ich Glanz empfangen,

ist seit Jahrtausenden tot.

¡Qué lejano está todo

y pasado hace tanto!

Yo creo que la estrella

cuyo fulgor recibo

ha muerto hace tiempo.

Ich glaube, im Boot,

das vorüber führ,

hörte ich etwas banges sagen.

Yo creo que en la barca

que ha pasado de largo,

algo temible oí.

Im Hause hat eine Uhr

geschlagen . . .

In welchem Haus? . . .

En la casa un reloj

recien latió…

¿en qué casa?

Ich möchte aus meinem Herzen hinaus

unter den großen Himmel treten.

Ich möchten beten.

Und einer von allen Sternen

müßte wirklich noch sein.

Quisiera desde mi corazón salir

hacia el gran cielo.

Quisiera rezar.

Pedir que entre tantas estrellas,

Muertas hace tiempo,

Alguna permanezca.

Ich glaube, ich wüßte,

welcher allein

gedauert hat,—

welcher wie eine weiße Stadt

am Ende des Strahls in den Himmeln steht . . .

Yo creo que sé

cuál de todas permanece…

Cuál de todas,

como una ciudad de luz blanca,

sigue de pie, al borde del cielo.

 

El Ser se dice de una sola manera

Hoy nos toca una escritura más psicoanalítica…

Dijo por ahí Jacques-Alain Miller que a Deleuze no le gustaba Heidegger y que hacía una sátira de él para morirse de la risa… no sé.

  • Deleuze contrapone a la analogía la repetición. Frente al pensamiento analógico, que es de gestos lentos y geografías sedentarias (para decirlo citando a José Luis Pardo), tenemos a la repetición, la univocidad y la diferencia. El lugarteniente del pensamiento analógico es la representación, mientras que la repetición es su opuesto.

La compulsión a la repetición es el empuje del Ser. Cito a Deleuze:

“La univocidad significa: lo que es unívoco es el ser mismo, lo que es equívoco es aquello de lo que se dice. Justo lo contrario de la analogía. El ser se dice según formas que no rompen la unidad de su sentido, se dice en un solo y mismo sentido a través de todas sus formas; de ahí que nos hayamos opuesto a las categorías de nociones de distinta naturaleza. Pero aquello de lo que se dice difiere, aquello de lo que se dice es la diferencia en sí misma. Lo que no es el ser análogo que se distribuye entre las categorías y reparte un lote fijo de sí entre los entes, sino que los entes se distribuyen en el espacio del ser unívoco abierto mediante la totalidad de las formas. La apertura pertenece esencialmente a la univocidad. A las distribuciones sedentarias de la analogía se oponen las distribuciones nómadas o las anarquías coronadas en lo unívoco”

  • Yo no sé si es esto a lo que se refería también Badiou como el clamor del Ser, creo que sí… se trata de un solo y mismo océano para todas las gotas, se trata de O. Si, Bion se refería a la pregunta por el Ser.

Miller discurre sobre la pregunta “¿Qué significa pensar?” y señala que, “siendo una pregunta filosófica, tiene, desde luego, mucho eco en la clínica”.

  • Mi versión de la respuesta de Bion va así:  una cosa es tener pensamientos y emociones y otra, bien distinta, es darse cuenta de estos pensamientos y emociones. Darse cuenta ES pensar, ¿lo ves?

Regresando a Miller, no recuerda que “Hay pensamientos que se acarician, hay pensamientos que se guardan para uno y para su analista, cuando se está en análisis y se es honesto, lo que no siempre es el caso. Me entero a veces que tal analizante se abstuvo durante tres años, a pedido de sus amigos, de decirme algo que tal vez me hubiese dolido, que se ocultaba un pequeño secreto de grupo que era mejor dejar de lado. Eso es malgastar un análisis… Pero, en fin, normalmente, hay pensamientos que uno conserva para sí y que solo comparte con su analista. Hay que compartir todo con su analista. Se comparte con él una parte de su fortuna, se comparte con él una parte de su vida, y en el orden del pensamiento, hay que compartir todo. Incluso cuando no está, se comparte. El analista es un espectro. Está presente en los pensamientos del analizante, lo sepa o no.”

  • Analogía y univocidad… no van.
  • Duns Scoto llegó a esto pensando en la posibilidad del conocimiento de Dios: no hay forma de conocerlo por analogía, sólo por univocidad. “Toda investigación sobre Dios supone entonces que el intelecto tenga el mismo concepto unívoco, que saca de las criaturas.”
  • Deleuze, tal vez pensando en esto, dirá -una y otra vez, por cierto-, MONISMO = PLURALISMO. Formalmente diverso, ontológicamente uno. (Otra vez Duns Scoto)

Bueno pues… dejemos este asunto abierto.

  • Otra vez Deleuze (este verso sólo hace sentido bien pronunciado): “Ninguna dimensión es el centro del tiempo, pero cada una vuelve en todas las demás, y a su vez las hace volver. Cada una es entonces una suerte de círculo, pero descentrado por relación a los demás y no coincidente consigo mismo en su retorno (puesto que vuelve en los otros). El círculo se repite deviniendo otros círculos: de uno a otro o a los otros corre la línea abstracta o línea de fuga, que no hace contorno sino que se enrolla desenrollándose de un círculo a otro.”

Ah no, esta entrada va sin conclusiones ni moraleja.

Mi empresa no es difícil, esencialmente.

Hagamos una deconstrucción -creo- de un fragmento de Pierre Menard, autor del Quijote, de Borges. Conviene hacer tres aclaraciones impertinentes (te las puedes brincar):

  1. Gödel y Tarski probaron que no todo enunciado verdadero es demostrable (bueno, esto ya lo venían diciendo desde la Edad media) y que no todo lo irrefutable es verdadero (esto nadie lo quiere decir).
  2. Paul Cohen descubre (este es un asunto bien serio de ontología… ¿descubre o construye?) un método (Forcing) que permite construir distintos modelos de una teoría (van Fraassen “seguro” que lo leyó). El método Forcing permite crear mundos en los que suceden cosas sorprendentes (mundos posibles)
  3. Según el lema Borell-Cantelli, un solo mono inmortal que ejecutase infinitamente tecleos sobre una máquina de escribir casi seguramente (esta es una convergencia a una variable límite, no es un modo de hablar, ¿eh?) podría escribir cualquier texto dado, además, el texto sería producido un infinito número de veces.

Bueno, a lo que vamos (este es el texto de Borges reacomodado) …

[después de enumerar] la obra visible de Menard, en su orden cronológico. Paso ahora a la otra: la subterránea, la interminablemente heroica, la impar. También ¡ay de las posibilidades del hombre!, la inconclusa. Esa obra, tal vez la más significativa de nuestro tiempo, consta de los capítulos noveno y trigésimo octavo de la primera parte del Don Quijote y de un fragmento del capítulo veintidós. Yo sé que tal afirmación parece un dislate; justificar ese «dislate» es el objeto primordial de esta nota.

Quienes han insinuado que Menard dedicó su vida a escribir un Quijote contemporáneo, calumnian su clara memoria. No quería componer otro Quijote —lo cual es fácil— sino «el» Quijote. Inútil agregar que no encaró nunca una transcripción mecánica del original; no se proponía copiarlo. Su admirable ambición era producir unas páginas que coincidieran —palabra por palabra y línea por línea— con las de Miguel de Cervantes.

30 de septiembre de 1934, Bayonne. Escribe Pierre Menard:

Mi propósito es meramente asombroso… el término final de una demostración teológica o metafísica —el mundo externo, Dios, la causalidad, las formas universales— no es menos anterior y común que mi divulgada novela. La sola diferencia es que los filósofos publican en agradables volúmenes las etapas intermediarias de su labor y que yo he resuelto perderlas…

En efecto, no queda un solo borrador que atestigüe ese trabajo de años.

El método inicial que imaginó era relativamente sencillo: conocer bien el español, recuperar la fe católica, guerrear contra los moros o contra el turco, olvidar la historia de Europa entre los años de 1602 y de 1918, ser Miguel de Cervantes. Pierre Menard estudió ese procedimiento (sé que logró un manejo bastante fiel del español del siglo XVII) pero lo descartó por fácil.

–      ¡Más bien por imposible!

De acuerdo, pero la empresa era de antemano imposible y de todos los medios imposibles para llevarla a término, éste era el menos interesante. Ser en el siglo XX un novelista popular del siglo XVII le pareció una disminución. Ser, de alguna manera, Cervantes y llegar al Quijote le pareció menos arduo —por consiguiente, menos interesante— que seguir siendo Pierre Menard y llegar al Quijote, a través de las experiencias de Pierre Menard. (Esa convicción, dicho sea de paso, le hizo excluir el prólogo autobiográfico de la segunda parte del Don Quijote. Incluir ese prólogo hubiera sido crear otro personaje —Cervantes— pero también hubiera significado presentar el Quijote en función de ese personaje y no de Menard. Éste, naturalmente, se negó a esa facilidad.)

Mi empresa no es difícil, esencialmente. Me bastaría ser inmortal para llevarla a cabo.