Peirce and Metaphysics

“The common opinion has been that Metaphysics is backward because it is intrinsically beyond the reach of human cognition. But that, I think I can clearly discern, is a complete mistake. Why should metaphysics be so difficult? Because it is abstract? But the abstracter a science is, the easier it is, both as a general rule of experience and as a corollary from logical principles. Mathematics, which is far more abstract than metaphysics, is certainly far more developed than any special science; and the same is true, though less tremendously so, of logic. But it will be said that metaphysics is inscrutable because its objects are not open to observation. This is doubtless true of some systems of metaphysics, though not to the extent that it is supposed to be true. The things that any science discovers are beyond the reach of direct observation. We cannot see energy, nor the attraction of gravitation, nor the flying molecules of gases, nor the luminiferous ether, nor the forests of the carbonaceous era, nor the explosions in nerve-cells.
It is only the premisses of science, not its conclusions, which are directly observed. But metaphysics, even bad metaphysics, really rests on observations, whether consciously or not; and the only reason that this is not universally recognized is that it rests upon kinds of phenomena with which every man’s experience is so saturated that he usually pays no particular attention to them. The data of metaphysics are not less open to observation, but immeasurably more so, than the data, say, of the very highly developed science of astronomy, to make any important addition to whose observations requires an expenditure of many tens of thousands of dollars.
No, I think we must abandon the idea that metaphysics is backward owing to any intrinsic difficulty of it. In my opinion, the chief cause of its backward condition is that its leading professors have been theologians.”

Charles S. Peirce, Philosophical Writings of Peirce

El embarque

Esta vez les dejo un microrelato que escribí poco después de salir de secundaria, hace más de 30 años. Me lo encontré y noté que la fecha del diario del cuento es junio del 2017… muy actual.

12 Junio 2017

Después de 224 días de preparación ya estamos listos. Ya pasó casi un año y todavía me sorprende cómo el tiempo parece detenerse cuando habitamos en tan poco espacio.
Hace tres años platiqué mi idea por primera vez y aunque la mayoría de mis amigos me dijo que era muy triste que una persona tan joven hubiese tomado esta decisión, ninguno me trató de disuadir; creo que me conocen…  -¿conocieron?- bien y saben que no digo las cosas hasta que no he tomado una decisión. 
Mis padres murieron poco antes del embarque y eso fue un alivio para mi, no quería llevar la carga moral de haberlos abandonado así.
Esta es la última entrada en mi diario porque estoy programado para híper-realidad y no recordaré más quien fui. Algunos de mis colegas van a pasar la noche en su “última cena” pero yo prefiero leer. ¿Qué sentido les hace el festejar algo que no van a recordar mañana?…
Para el caso, ¿Qué sentido me hace leer?. Supongo que un sentido estético, no lo sé.
Las noticias de la tierra son muy buenas, aparentemente las cosas funcionan bien para todos por allá. Extraño, somos demasiados los que hemos aplicado para la híper-realidad. Yo tuve que esperar casi un año para recibir respuesta pero los que aplican hoy van a tener que esperar casi cinco años.
¿Cómo es que la gente quiere desesperadamente salir de un lugar en el que todas las cosas funcionan “bien”? ¡Es Kafkiano!
Aquí pude hacerme de un par de nuevos amigos: Ellie y J: a Ellie la frecuento mucho y nos hemos vuelto cercanos; es como si ella leyera mi mente y le gustara el guión. J. no daba su nombre, para él no valía la pena conservar el pasado si justamente estaba tratando de abolirlo. J. se mató, después de algún tiempo no soportó el encierro y el aburrimiento y, simplemente, se mató.
Ayer me preguntó Ellie si pensaré en ella, en nosotros, a partir de mañana. ¿Qué le contesto?, no sé qué nos va a pasar, a pesar de que nos lo han explicado decenas de veces.
Se supone que la tierra está controlada por un ordenador súper potente que se ocupa de todas las funciones automáticas y de todas las decisiones casi instantáneas que definen a nuestra era. Gracias a este equipo los problemas básicos más importantes han quedado resueltos: cosas como el hambre, el tráfico y la educación son atendidas completamente y la gente ahora puede dedicarse a vivir bien.
Las personas trabajan unas 16 horas a la semana y el resto del tiempo se ocupan de sus jardines, su arte o su cuerpo. Los autómatas, todos controlados por el ordenador central, son muy eficientes y a la vez cálidos, sin duda son mejores que humanos; me pregunto por sus derechos, ¿no es un injusto para ellos hacer todo el trabajo mientras que nosotros descansamos?
No pude contestarle nada a Ellie, pero deseo con todo mi corazón recordarla mañana.
¿y si la hubiese conocido antes del embarque?

No hablemos de Cyborgs, mejor contemos historias de sus perros

Hoy ya es algo bien aceptado por la mayoría de los académicos, artistas y educadores la macrotendencia cientificista: se trata de llevar los avances tecno-científicos a cada aspecto de la vida y la cultura e, implícitamente, señalar que la agenda planetaria debe centrarse en la promoción de algún tipo de “utopía” tecno-científica que incluye la democratización de las decisiones, los conocimientos, la información y la redefinición del quehacer del pensamiento.
En el núcleo de la revolución tecno-científica se encuentra una pareja muy bien conectada, se trata del fisicalismo-reduccionismo: el fisicalismo es la tesis de que todo es, en última instancia, físico y el reduccionismo agrupa aspectos ontológicos, epistemológicos y metodológicos tendientes a establecer una jerarquía de relaciones entre los diferentes ámbitos del pensamiento y la cultura. El coito fisicalista-reduccionista elimina la necesidad de pensar en los aspectos más abstractos y complejos del ser humano y los sustituye por un proyecto de decodificar los aspectos más simples de la realidad física y armar una serie de reglas que expliquen todo a partir de la física; se trata de un “atomismo” salvaje, en donde se pretende pensarlo todo desde una combinatoria de partículas elementales.
El fisicalismo ha venido ganando terreno desde finales del siglo XIX. En el ámbito académico empezó el asalto con la llamada “naturalización de la filosofía” y hoy parece que todas las humanidades son un objetivo estratégico. La campaña fisicalista por reducirlo todo a las ciencias duras y producir discursos delirantes de control, auto-referencia, modelo-manía y convergencia, afecta muchos aspectos de nuestras vidas: el discurso político, los modelos aspiracionales globales, los contenidos educativos, etc. 
Isabelle Stengers, en su libro Wondering about materialism, se refiriere a la convergnencia NBIC (nanotecnología, biotecnología, tecnologías de la información y ciencias cognitivas) en términos que traduzco como sigue: tal convergencia, que no trata de entender, sino de transformar, únicamente requiere que le proporcionemos una definición de lo que debe conquistarse. Los acólitos del proyecto NBIC nos proponen que lo único que hay que pensar es cómo legitimar la convergencia misma. Parece que el resultado del “conocimiento de la convergencia” no acarrea un entendimiento efectivo de los procesos evolutivos, sino que elimina y disuelve todas las razones que tenemos para resistirnos a una redefinición de lo humano como un producto ingenieril que puede entenderse en términos de algoritmos modificados ad hoc y que todos aquellos que luchemos contra esta redefinición operativa de nuestro mundo tendremos en nuestra contra la autoridad de la “razón y la ciencia”
Reducción, Eliminación, Redefinición y Convergencia son los cuatro jinetes del fisicalismo reduccionista. La macrotendencia tecno-científica, al imponer una agenda de lo que conviene conocer, nos priva de lo que, en términos de Heidegger, es la existencia. 

Pétalos de Sangre, la traición de la infancia

Ngugi wa Thiong’o escribe sobre el dolor de la gente y el modo en que son víctimas de la indolencia y superficialidad del otro. En un sentido, para Thiong’o occidente es lo superficial y el sistema de gobierno keniano es lo indolente, pero también podemos pensar la novela como una metáfora de la lucha interna por rescatarnos de la superficialidad y la indolencia personales. Desde aquí, Pétalos de sangre es la narración de la lucha para no traicionar la infancia y sustituirla por la superficialidad y la indolencia.
Pétalos de Sangre (Fragmentos)
– Pero… ¡no existe un color que se llame sangre!
-Ah, pero tú te refieres al color rojo, ¿ves?… tienen que aprenderte los nombres de los siete colores del arcoíris. Las flores son de diferentes tipos y de diferentes colores. Ahora, por favor cada una de ustedes tome una flor, cuenten el número de pétalos y pistilos y muéstrenme el polen…
Un sistema que cría hordas de chinches y de obesos indolentes y en el que el parasitismo y el canibalismo es la mayor meta de la sociedad… parásitos que siempre van a demandar un sacrificio de sangre de la gente que trabaja … y que han prostituido toda la tierra y la han entregado al extranjero para que la explote.

Tu superioridad espiritual. Kafka y el superyó

Saturno SI devora a sus hijos…
Freud propuso que el superyó, heredero del Edipo, se formaba un poquito con el narcisismo, otro poco con identificaciones con las figuras paternales (primarias y sucedaneas) y algo más con la encapsulación de la pulsión de muerte. Klein, en su trabajo con infantes, pudo notar la angustia y la culpa y propuso que el superyó era mucho más temprano de lo que Freud pensaba y que desde el principio podía ser extraordinariamente cruel. Mientras que el optimismo de Anna Freud prescribía reforzar al superyó, el optimismo de Klein prescribía limitarlo.
Hacia el final de su obra -en Totem y Tabu- Freud pensó que los hijos se someten al deseo del padre muerto porque la otra opción es el desamparo. El desamparo es ser devorado, no por la presencia del padre, sino por su ausencia.
En el Nuevo Testamento la idea está clara:
«Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.»
Entonces, se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba. 
Lu 22:42-43
Veamos como en Kafka unos cuantos reacomodos en sus textos lo hacen dolorosamente palpable:
Kafka, Carta al padre

  1. En esa misma proporción estaba tu superioridad espiritual… Tú habías llegado tan lejos debido única y exclusivamente a tu propio esfuerzo, por consiguiente tenías ilimitada confianza en tu opinión….  Desde tu butaca gobernabas el mundo. Tu opinión era acertada, cualquier otra era absurda, exaltada, de locos, anormal. Y tu confianza en ti mismo era tan grande que no necesitabas ser consecuente para tener siempre razón…  
  2. Eso para mí, de niño, ni siquiera era tan fascinante como lo fue más tarde para el adolescente… Tú estabas dotado para mí de eso tan enigmático que poseen los tiranos, cuyo derecho está basado en la propia persona, no en el pensamiento… Tus sumamente efectivos y, conmigo al menos, infalibles recursos retóricos en la educación eran: insultos, amenazas, ironía, risa maligna y -curiosamente- autoinculpación… Tenías una confianza especial en la ironía como método educativo; además se avenía muy bien con tu superioridad sobre mí… Una amonestación tuya solía tener esta forma: «¿No lo puedes hacer como te estoy diciendo? Te resulta ya demasiado, ¿no? Claro, no tienes tiempo» y cosas similares…
  3. El primer resultado exterior de toda esa educación fue que yo evitaba cualquier cosa que me recordase tu persona, aunque fuese remotamente.
Kafka, Metamorfósis
Tiró sobre el sofá la gorra, que llevaba una insignia dorada –probablemente la de algún Banco– y, dando un rodeo, fue hacia Gregorio con expresión hostil, con las manos en los bolsillos del pantalón y los largos faldones de su uniforme de levita recogidos hacia atrás. El padre no sabía lo que iba a hacer; al caminar levantaba los pies a una altura desusada, y Gregorio quedó asombrado del enorme tamaño de sus suelas. Sin embargo, no se revolvió, pues ya sabía, desde el primer día de su vida, que cabía esperar de su padre el máximo rigor con respecto a él.
Echó a correr delante de su padre, deteniéndose cuando éste lo hacía y corriendo de nuevo en cuanto le veía hacer un movimiento. Dieron veces la vuelta a la habitación, sin que pasara nada y sin que esto, debido a las dilatadas pausas, tuviese siquiera el aspecto de una persecución. Gregorio optó por
permanecer en el suelo: temía que su padre interpretase su huida por las paredes o por el techo como un gesto malévolo.
Gregorio no tardó en comprender que aquella situación no podía prolongarse, pues mientras su padre daba un paso él tenía que llevar a cabo un sinfín de movimientos, y ya empezaba a jadear. Aunque lo cierto era que tampoco en su estado anterior podía confiar mucho en sus pulmones.
Se estremeció, intentando hacer acopio de energías para emprender nuevamente la huida. Apenas si podía tener los ojos abiertos; estaba tan aturdido que no pensaba más que en seguir corriendo, olvidando la posibilidad de trepar por las paredes; aunque lo cierto era que estaban atestadas de muebles tallados de peligrosos ángulos y picos. De pronto, algo diestramente lanzado cayó a su lado y rodó ante él; era una manzana, a la que inmediatamente siguió otra. Gregorio, atemorizado, no se movió; era inútil que siguiera corriendo, puesto que su padre le estaba bombardeando…
Y Gregorio, con la vista ya nublada, oyó por último cómo su madre, echando los brazos al cuello del padre, le suplicaba que no matase a su hijo…
– ¿Muerto? –preguntó la señora Samsa, mirando interrogativamente a la asistenta, no obstante poder comprobarlo por sí misma, e incluso verlo sin necesidad de comprobación alguna.
– Así es –contestó la asistenta, empujando un buen trecho con el escobón el cadáver de Gregorio, como para comprobar la veracidad de sus palabras.
La señora Samsa hizo un movimiento como para detenerla, pero no la detuvo.
– Bueno –dijo el señor Samsa–, demos gracias a Dios. 

Because desire won’t shrug off…

Because desire won’t shrug off…

HANNAH SANGHEE PARK


   Because desire won’t shrug off,
   and the heart begins to eat its stores
   its substance—slowly, at first, and
   sparingly—
                        (but nothing’s left to lose so it is downed)
            We have a thing here called hunger
A feeling and an ache, want of want.
You could try it sometime if you like.
Sun drinks down its own day.
Dusk takes us to task.
Hath drunk so deep
You could be forgiven for not knowing.
You could be forgiven for a lot of things.


[Porque no se ignora al deseo…]
(traducción libre)


   Porque no se ignora al deseo,
    o el corazón comienza a consumir su esencia,
    su materia —al principio, lenta y
    cuidadosamente—
                         (pero nada se escapa, todo se engulle)
  
             Tenemos algo llamado el hambre
    Es una emoción y una demanda, un querer el querer
    Inténtalo si lo sientes.
    Así como el Sol se bebe su propia luz
    el ocaso nos impulsa a la tarea.
    Perderse en el hambre.
    Podrías ser perdonado por no saber,
    Podrías ser perdonado por muchas cosas.

Toca pensar

Hace unos días me preguntaron sobre el estado de las humanidades y el pensamiento en estos principios del siglo XXI. Estábamos en el postre y mi amigo no tenía tiempo ni disposición para escuchar mucho rollo, pero tampoco buscaba una respuesta superficial, así que le dije algo como esto:
  • la filosofía se volcó contra las grandes narrativas (propias y de otras áreas del saber), y nos entregó el relativismo epistemológico y el no-cognitivismo: los dos ejes del patrimonio común (el conocimiento y las reglas de convivencia) quedaron trastocados.
  • el psicoanálisis transformó el modo en que nos vemos a nosotros mismos al proponer que la unidad psíquica del hombre es una ilusión, ya que la idea del continuo psiquismo-consciencia quedó invalidada por el descubrimiento del inconsciente. A partir del psicoanálisis el sujeto ya no es Uno, sino legión (tal vez en un sentido tal que se incluya la idea bíblica tanto de las huestes angelicales salvadoras Mt. 26:53 como de los espíritus inmundos Lc. 8:30): el sujeto se transformó en la unidad de una multiplicidad que vive en un conflicto por momentos intolerable y en una precaria armonía.
  • la literatura, a través del uso extendido de la fragmentación, la paradoja, la irreverencia, la auto-referencialidad, la narración dudosa y la metaficción, destituyó la autoridad y la autenticidad del texto: el sentido del discurso importó menos que su comunicación.
  • la semiótica nos mostró que la creación continua de nuevos ambientes es solamente un aspecto de la semiósfera: la progresión desde el unwelt hacia un intento de decodificación de una semiósfera invasiva y omnidireccional, nos colocó en un mundo de “hipervínculos” y de mecanismos de filtrado y codificación.
Terminé diciéndole que yo creo que el siglo XXI, dedicado a la programación de una ‘posmodernidad 2.0’, nos ha dejado con:
  • una nueva visión del conocimiento y de las reglas de convivencia en la que la verdad se sustituye por una ‘verosimilitud probable
  • un reconocimiento del sujeto (de nosotros) como la unidad de una multiplicidad en precaria armonía y locura pulsante
  • la fragmentación y autorreferencia discursiva que muchos explotan e intentan disimular a través de una superficialidad grosera en la comunicación
  • la prevalencia de un medio ambiente de hipervínculos y complejos mecanismos de traducción.
Mi amigo se quedó un ratito en silencio y después me dijo: “estamos fritos”
Yo no lo creo –le dije-, me parece que pensar ahora es un negocio muy complejo e interconectado: no se trata de que el modo de pensar moderno esté en peligro de extinción, sino que las categorías tradicionales ya fueron re-editadas; hoy toca pensar distinto. Como suele pasar, tenemos dos caminos: (1) asumir la propuesta delirante de un mercado que, consumiéndolo todo, asimila muy poco; o (2) pensar.

The tortoise and the Platypus

“Being says not to us in the same way a tortoise would say no if we asked it to fly. It is not that the tortoise realises it cannot fly. It is the bird who flies; in its own way, it knows it can fly and does not conceive of not being able to fly. The tortoise proceeds on its earthbound path, positively, and does not know the condition of not being a tortoise… It is we, given that the Mind can provide imaginary representations of impossible worlds, who ask things to be what they are not. And, when they carry on being what they are, we think they are telling us no, and setting limits for us… Being never tell us no, except in our metaphor. Simply, faced with a demanding question on our part, it does not give the answer we would have wished.”
Eco, Kant and the Platypus

Gratitude and psychoanalysis

“The circumstances for a patient to feel gratitude to a psychoanalyst, though not unconnected with the circumstances of gratitude in family, social, and working life, are different: they relate to conscious and unconscious meanings in a patient’s external and inner life—that is, to psychic reality, and, as well, to the analyst as foremost a psychological object, and to the enterprise that psychoanalysis is, which has its own categories, which Bion called the “elements” of psychoanalysis.”

Freud y Ricoeur, a propósito de las malas interpretaciones

Ricoeur en su libro Freud: una interpretación de la cultura (1965), en el que señala a Marx, Nietzsche y Freud como los hermeneutas de la sospecha, hace una lectura de la interpretación psicoanalítica como una traición a lo que él llama la ‘Fe del hermeneuta’, que es, en sus palabras, la “interpretación como restauración del sentido“.

Dice Ricoeur:
   “No carece de interés aproximar aquí por primera vez a Freud y Nietzsche: fue Nietzsche quien tomó de la filología su concepto de Deutung, de Auslegung, para introducirlo en filosofía; es verdad que Nietzsche sigue siendo filólogo cuando interpreta la tragedia griega o los presocráticos; pero con él toda la filosofía se vuelve interpretación.
   ¿Interpretación de qué? … digamos ahora solamente esto: este nuevo curso abierto al concepto de interpretación está ligado a una problemática nueva de la representación de la Vorstellung; ya no es la cuestión kantiana de saber cómo una representación subjetiva puede tener una validez objetiva; esta cuestión, central en una filosofía crítica, retrocede en beneficio de una cuestión más radical; el problema de la validez permanecía en la órbita de la filosofía platónica de la verdad y de la ciencia, a las que se oponían como contrarios el error y la opinión; el problema de la interpretación se refiere a una nueva posibilidad que ya no es ni el error en sentido epistemológico, ni la mentira en sentido moral, sino la ilusión …
   Lo que nos importa aquí, desde el punto de vista del método, es la nueva extensión dada al concepto exegético de la interpretación. Freud se sitúa precisamente en uno de los extremos de esta corriente: con él no es sólo una “escritura” lo que se ofrece a la interpretación, sino todo conjunto de signos susceptible de ser considerado como texto por descifrar; así, pues, tanto un sueño, un síntoma neurótico, como un rito, un mito, una obra de arte o una creencia.
   Es necesario que nos coloquemos desde el comienzo frente a esta doble posibilidad: esta tensión, esta tracción extrema es la expresión más verídica de nuestra “modernidad”; la situación que se ha creado hoy al lenguaje implica esta doble posibilidad, esta doble solicitación, esta doble urgencia: por un lado, purificar al discurso de sus excrecencias, liquidar los ídolos, ir de la ebriedad a la sobriedad, hacer de una vez el balance de nuestra pobreza; por otro lado, usar el movimiento más “nihilista”, más destructor, más iconoclasta, para dejar hablar lo que una vez, lo que cada vez se dijo cuando el sentido apareció nuevo, cuando el sentido era pleno; la hermenéutica me parece movida por esta doble motivación: voluntad de sospecha y voluntad de escucha; voto de rigor y voto de obediencia; somos hoy esos hombres que no han concluido de hacer morir los ídolos y que apenas comienzan a entender los símbolos.
   [hay una] corriente de la hermenéutica que colocaremos a continuación bajo el signo de la “sospecha”; esta otra teoría de la interpretación comienza precisamente por la duda de que haya semejante objeto [el objeto de cualquier creencia] y que ese objeto pueda ser el lugar donde se invierte y convierte la objetivación intencional en kerygma, en manifestación y en proclama. Por eso esta hermenéutica no es una desimplicación o explicitación del objeto, sino un arrancamiento de la máscara, una interpretación reductora de los disfraces.”
Por su parte, Freud en el artículo Psicoanálisis y teoría de la libido (1922), estableció que el psicoanálisis es: “Un método para la investigación de procesos anímicos difícilmente accesibles por otras vías, un método terapéutico de perturbaciones basado en tal investigación, y una serie de conocimientos psicológicos así adquiridos, que van constituyendo paulatinamente una nueva disciplina científica”. El método se basa en un tipo particular de hermenéutica que se realiza sobre la historia del sujeto y que se basa en las libres asociaciones del sujeto, que sirven como guías para la interpretación que hace el analista. Como método psicoterapéutico opera a partir de la interpretación de las resistencias y del deseo del sujeto, así como de la transferencia desplegada en la sesión, todo esto en el marco de un encuadre analítico.
Me parece que aunque Freud no pretendió extender la hermenéutica del psicoanálisis más allá del mundo mental del sujeto, hay quien da lecturas amplias y no muy generosas al asunto.
Sorprende cómo Freud y el psicoanálisis en general han sido leídos con descuido y de modo superficial. Me pregunto, ¿quiénes son los maestros de la sospecha?